Son cinco, cinco pasos los que me toma caer de nuevo en el mismo hoyo. Cinco pisadas, cinco momentos, corto conteo para la estupidez. Dicen que el único animal que comete dos veces el mismo error es el ser humano, pero nosotros, los baches de la evolución, también caemos.
Nací en hogar católico, y a los quince años decidí ser cristiano en contra de toda mi familia. Cuando era católico, ansiaba vivir la unción de los enfermos. Después, de cristiano, deseé orar con canas al señor (¿Qué señor?). Ahora que no sé qué soy, porque ni del nombre "ateo" me puedo apropiar a pesar de que no veo dioses en ninguna parte, estoy plenamente convencido de que "la única constante es el cambio". Pensé en escribir que los cambios se podían dar en reversa, pero me parece que tampoco es posible.
El problema es que anhelamos los tiempos pasados. Esos tiempos de fácil autoengaño que nos hacía estúpidos y felices. ¿A quién se le puede juzgar por querer ser feliz? Y si ese sentimiento del "tiempo pasado fue mejor" persiste, y sí que lo hace, ¿Cómo juzgar a alguien por querer, de vez en cuando, volver a ser el sonriente ignorante que alguna vez fue?
Pero, como dice Borges, "Sólo una cosa no hay. Es el olvido." Y cada vez que doy cinco pasos, y vuelvo a caer en el mismo hueco, sé que no es la primera vez que pasa, y sé lo mucho que me costó sacar el pie la segunda vez, y que la tercera tuve que dejar allí mi zapato. Todos sabemos las leyes del camino: no se cierra un hueco sin abrir otro. Y la tierra ausente trae al presente el antiguo hoyo, lleno ahora.
¡Qué estúpido es todo esto! No hay como moverse. No hay como abrir nuevos huecos. Pero si un día abres sin darte cuenta un hoyo que alguna vez tapaste, has de saber, querido escritor que vomitas estas palabras, que ese ya no es el mismo hueco, y no lo será nunca, incluso si no lo tapaste nunca.
Es imposible no seguir adelante. Te puedes devolver en el espacio, pero nunca en el tiempo, y esa puede ser una buena razón para caminar: el tiempo corre, y es corto para vivir, andar aunque sean cinco pasos, volver a tropezar, y seguir. Y es que sigues adelante así no quieras. Entonces mejor es querer.
¡Ea, pues! ¡A andar!
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