jueves, 29 de diciembre de 2022

El lento.

Soy la persona más lenta que conozco. En cada cosa que hago me demoro demasiado, y mis tiempos no van con los de los demás. Diez y ocho meses estuve en el vientre de mi madre, y mi parto duró tres semanas con sus días y sus noches. Cuando di mi primer paso, duré 20 minutos en un solo pie antes de aterrizar el segundo en el suelo. El día que entré a estudiar mis profesores eran novatos, y mientras yo terminaba mis estudios ellos se estaban pensionando. Solo en una cosa soy muy veloz: en enamorarme. Y sin embargo, para cuando puedo expresarlo, el amor se ha convertido en rutina, la rutina en despecho y el despecho en amistad. Así que creo que tampoco vale. No sé por qué soy tan lento, quizás me gusta admirar cada instante con demasiada atención. Y bueno, ya me voy, porque llevo unos buenos años escribiendo estas palabras, la vejez ya me asecha y con suerte la muerte me recibirá despacito despacito, como buena amiga en su lecho, ella que sí tiene todo el tiempo del mundo.

jueves, 7 de enero de 2021

Ayer

Me enamoré del día de ayer
Se me enredó al verlo pasar
En una esquina su amanecer
En una calle su caminar
Me enamoré del día de ayer
Sus ojos lindos para llorar
Sonrisa rosa que la escuché
Mientras me hundía en su lunar
Me enamoré del día de ayer
Le regalé por siempre quien soy
Más se llevó mi regalo con él
Cuando volví a buscarlo ya hoy
Me enamoré del día de ayer
El día de hoy me abandonó
Mañana en la esquina lo buscaré
Quizás si regresa también vuelvo yo.

sábado, 10 de marzo de 2018

Callejeando por Ciudad Verde

¡Qué poco tiempo queda ahora para salir a caminar, y solo pensar!
¡Qué poco tiempo queda ahora incluso para los amigos!
Y por fin, entre los afanes del día a día, fui de visita a casa de uno
de esos parceros, porque se le debe, porque hoy es importante verlo,
porque a veces debo por lo menos intentar ser un buen amigo.
Pero mi falta de entrenamiento en esto de visitar me ha hecho llegar
con mucho tiempo de anticipación al lugar en que me recogerá,
el Colsubsidio de Ciudad Verde, y como odio estar quieto no me
queda de otra sino caminar sin sentido, caminar yo y darle piernas a
mis pensamientos para que caminen a mi lado, o por su lado si así lo prefieren.


Ciudad Verde es de esos nuevos lugares en Soacha que le agregan
una pieza más a este extraño municipio que tanto amo, a esta colcha
de retazos desiguales, unos en las lomas, otros en los campos, unos
planificados, otros improvisados, pero todos siempre apuntando hacia el sur.
Ciudad Verde es enorme, se me antoja infinita. Gigantescos edificios de
incontables apartamentos se extienden en todos los sentidos hasta donde
la vista puede dar, y me recuerdan al Proceso de Welles,
un escenario kafkiano, o las infinitas oficinas de una película de Billi Wilder.
Me siento perdido en un lugar tan grande, y siento que todas las calles
son parecidas, me da un poco de vértigo intentar ubicarme y lo mejor es
dejarme llevar. Hay una tranquilidad extraña en este sitio, los espacios
son muy abiertos, cosa extraña en el sur, pero se puede entender al
ver las rejas que encierran los lugares de vivienda, que me hacen pensar
en los guetos de judíos en esos oscuros tiempos del siglo XX.


Camino lentamente por los anchos andenes, y observo la gente caminar como yo.
Ellos van de afán, y poco se fijan en su rededor, tienen algo qué hacer y tienen
el tiempo medido, así me debo ver yo todos los días. Debo aún caminar una larga
manzana de edificios para llevar al chacero que diviso en lo lejano, camino despacio
observando el cielo que empieza a adquirir los colores de una tarde sosegada.
Cuando llego por fin al vendedor, un venezolano como muchos que se rebuscan
la vida en este sector, compro dos cigarrillos. Pensando en este lugar de belleza
tan extraña olvido recibir las vueltas, y el venezolano casi preocupado me lo hace
notar. Este es de los míos, pienso, está jodido pero es honrado.


¿Y qué es lo que me ha hecho olvidar las vueltas? Una de las cosas que más amo
de Suacha: un atardecer. Los atardeceres aquí son de esos que persiguen los
fotógrafos con afán, esos que persiguen los pintores sin nunca alcanzarlos,
esos que Cortázar aconsejaba filmar. Los colores del cielo cuando el día se
agota en la tierra del sol, son incontables, incontenibles, inconcebibles.
Y ahí están, una vez más frente a mi, pero nunca había visto el atardecer desde
Ciudad Verde. Los edificios parecen inclinarse al sol, como despidiéndose y
rogando que al otro día los vuelva a iluminar. La iluminación pública gana el
pulso a la oscuridad, y todo adquiere un tono amarillo y naranja.
En ese momento encuentro a mi amigo.


Callejear con un amigo es otra cosa. Las palabras salen a caminar también, la
conversación avanza sin que uno se dé cuenta, y uno avanza sin que la
conversación tampoco lo note. Nos paramos en un parque, y fumo un cigarrillo
mientras mi amigo me explica algunas zonas importantes en el sector, que para
mi sigue siendo indescifrable. El viento corre libre y feliz entre las grandes calles,
y el frío pesa cada vez más. Solo un par de polas hacen falta para completar
el cuadro, y surgen como convocadas por las palabras que están secas de caminar.

Mi tiempo libre ha terminado, y me dirijo de nuevo a casa. Desde el bus veo
las calles, edificios, vendedores y luces retroceder, como una película que
se devuelve. En el bus todo se va más rápido, y devolverse es imposible.
En esa pantalla que es la ventana veo mi caminata como si fuera un titular,
el resumen de una noticia, hay cosas que solo se pueden vivir caminando,
y hay momentos que solo se pueden revivir escribiendo.

martes, 22 de agosto de 2017

La historia: entre el optimismo y el desencanto

Sobre el texto “La historia o la lectura del tiempo” de Roger Chartier

Roger Chartier nos plantea en su texto “La historia o la lectura del tiempo” un análisis de la evolución de las formas de concebir esta disciplina, es decir, un análisis de la historiografía para poder entender las problemáticas que le son propias. Se parte de la llamada “crisis de la Historia”, que es precísamente el punto en donde surge el confrontamiento entre aceptar la Historia como una verdad objetiva, y las dudas que casi de forma natural surgen de tal afirmación. Esta revisión del concepto que se tiene sobre la Historia es fundamental para acercarse de forma crítica a su construcción, pero también lleva a un desencanto peligroso, un relativismo que no permita establecer un entendimiento del devenir de la humanidad, y ambas perspectivas, una aceptación acrítica o un escepticismo radical nos pone en un problema difícil de enfrentar.

Si bien esta crisis de la Historia se plantea en el texto como un hecho surgido en una época específica, es importante resaltar que ha tenido sus ecos hasta la actualidad, especialmente en movimientos sociales y anti hegemónicos que reclaman otras visiones no incluídas en los relatos oficiales, de donde surge la duda ante esa Historia oficial. Con razón estos sectores sociales denuncian una parcialidad en el dictamen de versiones que se declaran imparciales, ya que no se ven reflejados en dichos relatos. De allí que surjan otras formas de hacer historia, tales como las microhistorias referenciadas por Chartier, pero también importantes ejercicios de memoria que están en constante movimiento y tejido en las bases populares. También existe una tendencia a dejar de creer en una Historia total, generando una duda ante todo gran relato, tras el cual siempre existe una sospecha de poder hegemónico.

Ante este panorama caótico de diversas versiones de hechos, memorias, microhistorias, y relatos históricos siempre bajo sospecha, se podría abandonar la esperanza de entender una historia total, tal como se plantea desde la posmodernidad, el fin de los grandes relatos. Si nos encontramos ante este panorama, debemos entonces preguntar: ¿Para qué sirve la historia? ¿Necesitamos una historia total, universal o global? El ser humano, así como las sociedades que forma, se construyen a partir de los relatos. Son los relatos los que le dan sentido a una existencia en principio sin sentido. Son los relatos, la construcción del pasado, lo que genera una identidad, y como ya mencionaba Elizabeth Jelin en “Los trabajos de la memoria”, no son solo una mera interpretación del pasado, sino que son una apuesta a futuro. Una historia total nos permite entonces entender, o por lo menos construir un sentido, del camino que ha tenido la humanidad, con sus variaciones, particularidades y diferencias. Y de esta misma manera nos permite imaginar, en la innegable aldea global cada vez más interconectada, opciones de futuros para el conjunto humano.

Pero si tenemos esta necesidad manifiesta de la historia, ¿qué salida podemos encontrar a la disyuntiva entre los discursos que se ocultan tras la historiografía, y el escepticismo total? Algo que se propone desde el texto de Chartier es confiar en el rigor del que hace uso el historiador, un rigor que parte del método científico propio del positivismo y la modernidad, y que de alguna manera asegura por lo menos un trabajo bien hecho, que se refuerza en la era digital, donde el lector puede más fácilmente verificar las fuentes que usa el historiador para construir su relato.

Ahora bien, aún en tiempos digitales es claro que aunque el historiador intente hacer bien su trabajo, en general la construcción de historia está mediada no sólo por su subjetividad, sino por un marco temporal que le define de alguna manera los temas a tratar, y la manera en que lo hacen. Es decir, en determinados tiempos ciertos temas tienen relevancia o son permitidos, y esto está dado por unas estructuras sociales y de poder dadas, que complejizan el quehacer histórico, y reviven la duda sobre la historia. Esto sin contar que el método científico mismo puede ser puesto en duda, aún en las ciencias duras, puesto que también está enmarcado en unas posibilidades o imposibilidades de entender el mundo, y que desde propuestas como las epistemologías del sur, ha sido cuestionado como única forma válida de acceder al conocimiento.

¿Es imposible entonces construir una Historia que dé cuenta de nuestra humanidad, y que nos permita construir proyectos de futuro? Quizás las claves se encuentren precisamente en los relatos que se salen de esa Historia totalizadora, y que vienen en su auxilio. Una de las cosas sobre las cuáles llama la atención Chartier, es la relación que existe entre las micro historias y la macro historia. De alguna manera, la una no se puede entender sin la otra, y existe una permanente tensión, similar aunque no igual a la tensión Historia-memoria. Es allí que radica el punto clave para poder, si no totalizar una Historia, por lo menos no quedar en el vacío de una no historia que nos impida proyectarnos como humanidad. La memoria, como las microhistorias, dialogan, discuten, complementan, nutren, contradicen a la historia totalizante con historias particulares; y esta última les da sentido, las anexa, las niega, las reordena, las estructura en un relato que permite una visión general.

No se trata ya de entender la Historia como un producto que encierra la verdad, ni como un total imposible, ni entender la microhistoria o la memoria como la verdad oculta o la subjetividad conflictiva. Se trata de una lucha permanente que ha sostenido el ser humano por configurar relatos. Es la historia de los relatos, los oficiales que dictaminan, los excluídos que cuestionan y con el tiempo se reconocen. Es la batalla de los olvidos por ser relatados, y de los recuentos  por ordenarlos y darles sentido. Es la humanidad en una reescritura constante, una reinterpretación constante que vela por dar un sentido al pasado y construir propuestas de futuro. Y en este permanente diálogo, tanto los grupos sociales, como la humanidad en su conjunto, se juega constantemente la interpretación de su pasado y los derroteros de su porvenir.

Luís Alexander Díaz Molina

REFERENCIAS

CHARTIER, Roger (2012). La historia o la lectura del tiempo. Gedisa, Madrid.

JELYN, Elizabeth (2001). Los trabajos de la memoria. Siglo Veintiuno Editores, Madrid.

LYOTARD, Jean-François (1979) The Postmodern condition: a report on knowledge. Les Éditions de Minuit, París.

La producción simbólica como trabajo de la memoria

La producción simbólica como trabajo de la memoria

Sobre el texto de Elizabeth Jelyn, los trabajos de la memoria.

¿Quién soy yo sino los recuerdos de mi pasado, y mis proyecciones en el futuro? El tema de la identidad atravesada por la memoria, y las complejidades de esta última en la construcción de la primera, es lo que plantea Elizabeth Jelin en su texto “Los trabajos de la memoria”, haciendo explícito  con este título el carácter relativo, parcial y no absoluto, de algo que en el sentido común se asume como definitivo e indudable. Quizás precisamente porque de la memoria depende nuestra identidad, tememos enfrentar que no es algo absoluto sino una construcción que se negocia día a día, que se preserva y a la vez se transforma en nuestro paso por el tiempo.

La vertiginosidad de nuestra era a la que la autora, citando a Huysen, atribuye la explosión de la “cultura de la memoria”, tiene implícita otra cuestión que refiere a la necesidad del relato del ser humano para dar sentido a su fugaz existencia en el mundo. En la lucha constante contra el olvido, en la batalla perdida contra la muerte, la memoria es una herramienta para trascender en una historia, y en ella las experiencias y perspectivas de la vida propias. Los grupos sociales también crean sentidos para sí mismos a través de la memoria, en una compleja relación individuo-sociedad que por un lado posibilita estas narrativas, y por otro las ponen en conflicto tanto entre los individuos que las componen como con otros grupos sociales. Cabe entonces preguntarse ¿Por qué medios concretos se dan esos trabajos de la memoria?

La memoria, sujeta a unos condicionamientos sociales e históricos y al individuo o grupo que la genera, reclama o legitíma sentidos del pasado con miras a las expectativas que se tienen, y al ser diferentes los intereses de los individuos y grupos sociales, se generan disputas por establecer como historia oficial, o al menos como una narrativa reconocida, la memoria propia. Estas disputas, por supuesto, no están ancladas simplemente al pasado, sino que sus efectos en el presente y el futuro proyectado implican perspectivas políticas concretas, por lo que estas luchas de creación de identidad pasan de lo anecdótico a lo militante, y el discurso que se construye para su legitimación deviene en herramienta de lucha. En ese discurso quiero llamar especialmente la atención, pues es en el plano simbólico que se da la principal batalla de la memoria.

En el capítulo 3, “Las luchas políticas por la memoria”, citando a Fernández, Jelin expone el caso de la Guerra Civil en España, en el que se plantea que a partir de la elaboración de la memoria traumática de la guerra fue posible un “olvido político” o “silencio estratégico” que permitió la construcción de un futuro. Lo que se resalta aquí es que este olvido fue posible porque  “en el plano cultural la Guerra Civil sc convirtió en el foco de atención de cineastas y músicos, de escritores y académicos” (Jelin, 2001, p.46). Es precísamente la producción simbólica la que realiza esos “trabajos” de la memoria, esa transformación que da un valor agregado a la experiencia individual o colectiva dándoles un sentido a través de la narración.



Aquí es preciso recordar lo que señala Aristóteles en su Poética: “Que por eso la poesía es más filosófica y doctrinal que la historia; por cuanto la primera considera principalmente las cosas en general; mas la segunda las refiere en particular.” (Aristóteles sf/1948). Es decir, mientras la historia intenta narrar los hechos, estableciendo las verdades parciales que se asumen como oficiales, el arte juega el papel de la representación poética de una memoria que, como señala Jelin, funciona como una lección para el futuro. Al poner en clave artística las experiencias particulares, volviendolas metáforas, las elabora como memorias de una sociedad.

Y eso por eso que la producción simbólica es uno de los principales escenarios de batalla de la memoria. Surgen relatos desde distintas visiones e intereses que son representados a partir de producciones culturales, que buscan un lugar y un reconocimiento en la sociedad, especialmente cuando son memorias no reconocidas oficialmente. El arte es entonces una de las principales armas de resistencia ante las versiones oficiales de la historia. El arte propone narrativas que se instalan en el imaginario de las sociedades, consolidando o rebatiendo una versión determinada de verdad.

De allí la importancia que se le da a la monopolización de los medios de comunicación, las industrias culturales, el uso de la censura, y en general toda forma de producción simbólica desde el poder. Y también allí radica la especial relevancia que cobra el arte y la producción simbólica en los procesos sociales que resisten a un relato hegemónico.

Sin embargo, estas formas de resistencia deben pensar su papel no sólo como formas de denuncia o resistencia al relato hegemónico, sino también su propuesta de construcción política e histórica, para no caer en la memoria literal, sino en la memoria ejemplar, en palabras de Todorov. La producción cultural y simbólica tiene entonces un deber no solo con el pasado, se crean representaciones proyectando un futuro, pues el arte crea una memoria que retoma lo particular del pasado para comprometerse con el futuro.

Luís Alexander Díaz Molina

BIBLIOGRAFÍA

JELYN, Elizabeth (2001). Los trabajos de la memoria. Siglo Veintiuno Editores, Madrid.

ARISTÓTELES (1948) Poética (José Goya y Muniain Trad.) Buenos Aires.

lunes, 13 de febrero de 2017

La cita

Te espero sin ganas,
esperando no vengas,
mas con la certeza de que vendrás.
Te espero angustiado,
tal vez serás dura,
o quizás con dulzura me abrazarás.
Te espero con miedo,
lleno de preguntas
que no dejarás ya más contestar.
Te espero con ansias,
quizás te deseo,
quizás lo que quiero es la espera acabar.
Te espero y te miro
de un lado a otro,
y un día de mi tú te acordarás
Te espero y espero.
Y así no esperara
tengo la certeza que un día vendrás.

sábado, 7 de enero de 2017

martes, 8 de septiembre de 2015

Canción de la Luna Negra


Vas saltando
desde el cielo,
en la noche
está lloviendo,

Y a la luna
vas cantando
que en el cielo
está brillando

Los sonidos
de tu canto
se parecen
a mi llanto

Luna Negra
Luna Negra
Luna Negra
Luna Negra

Solitaria
caminando
por las calles
y tejados

no se sienten
ya tus pasos
bella danza
vas bailando

Hoy la luna
está maullando
las estrellas
escuchando

Luna Negra
Luna Negra
Luna Negra
Luna Negra

Oigo un ruido
en mi ventana
Luna Negra es
quien me llama

Te metes por
mi terraza,
y te escondes
en mi cama

Mas yo sé que en
la mañana
no estarás más
en mi casa

Luna Negra
Luna Negra
Luna Negra
Luna Negra

El Diablo Fu

martes, 25 de agosto de 2015

Terror

¡Pobre niña, cuando entiendes
que en peligro está tu vida!
Por tu cuerpo te violentan
cual si fueras mercancía.

Caminando un día viste
prostitutas en la esquina.
Y aunque nadie te lo explique
tú lo sabes: fueron niñas.

¡Pobre niño, cuando entiendes
que en el mundo existe guerra!
Que una bomba atómica puede
destruir ciudades enteras.

Ves soldados que marchando
orgullosos lucen armas,
y en la noche el noticiero
no te oculta las matanzas.

¡Qué horror cuando aprendemos
que en el mundo existe el hambre!
Qué tristeza y desconsuelo
ver correr ríos de sangre.

Extrañamos los espantos
que asustaban nuestra infancia.
¡Qué inocente era el temor!
Bondadosos los fantasmas...

Reemplazamos bellos miedos
por el profundo terror
de vivir en este mundo
en el cuál no vive Dios.

¿A dónde fuiste, mi Diosito?
¡Vieras cuánto pasa acá!
Yo también me hubiera ido
para nunca regresar.

El Diablo Fu

domingo, 7 de junio de 2015

Oda al amor mortal


¡Qué vacuas son las promesas!
Y cuán incierto es el futuro...
¿No sería mentira si juro
eterno amor sin certezas?

Siendo el mañana un oscuro
porvenir, y el destino la tumba,
¿No es mentiroso quien inunda de
promesas algo inseguro?

Sólo vale el presente
Sólo el ahora cuenta
Es sincero el amante
que no jure, que hoy sienta.

Observa tus ojos y
sin quererlo suspira,
y te mira de frente
y a tu lado camina.

Agradece el día,
reflexiona en silencio,
y en silencio llora
el porvenir incierto

Si la muerte no aguardara
a la vuelta de cualquier esquina,
si el dolor de lo que un día termina
al amor no amenazara

¡No te amara yo, mi amada!
Quizás a ti no me aferraría
¡Qué vacío, mi niña querida.
si el hoy nunca terminara!

La magia del amor vive
en que uno no quiere que muera.
Si el amor acaso eterno fuera...
¡Amar no sería sublime!

jueves, 28 de mayo de 2015

Adiós

La vida es una escuela para aprender a decir adiós, hasta que es uno el que se va.

domingo, 29 de marzo de 2015

El colombiano: la peor de las cagadas de dios.

El reciente escándalo de la Corte Constitucional ha conmocionado a los medios. Es un  tipo de reality muy exitoso en el país, secuela de Agroingreso seguro, la Parapolítica, la Yidis política, y otro sin fin de nombres rimbombantes y apropiados para una buena serie. Las ollas podridas (que en otro lugar y  tiempo harían caer un rey) se vuelven el menú principal de los medios. Ellos nos lo cuentan la emoción de nuestros narradores de fútbol: cae el primer corrupto, el efecto dominó empieza, la justicia actúa, se inician escandalosos procesos que no acaban en nada, hasta que el asunto queda olvidadooooo, ¡no me diga más, no me diga más!  Pero eso sí, nuestra democracia es la más antigua de América Latina.

Y los colombianos nos hacemos los sorprendidos con esta narrativa noticiosa repetida y siempre inconclusa, igual que con esas novelas baratas o programas de espectáculos que todos los días nos ofrecen lo mismo, pero que no nos cansamos de ver, porque supuestamente en esas historias nos vemos reflejados como colombianos, aquí ser abeja es una necesidad y un orgullo nacional.

Las narco-novelas que tanta polémica han generado, los cantantes que promueven una cultura violenta, las noticias terribles que día a día nos azotan como si fueran las únicas por contar, el hambre que contrasta con los grandes avances económicos de nuestro emprendedor país, y alguna que otra historia de superación o logros vanos (Jorge Duque Linares se sentiría orgulloso), para mantener mínimos vitales de patrioterismo. Y así vamos escribiendo como colombianos nuestra historia.

Todo esto nos forma la idea de que podemos salir adelante, solo que a costa del bienestar del vecino. Esa es nuestra parrilla de programación diaria, que se complementa con el tipo de educación que nos capacita en competir. Pero ¿cómo salir todos adelante cuando todos estamos en guerra?  ¿Quién fue el que dijo que esa era nuestra forma de ver la vida, o por lo menos la única forma?

Esta es la narrativa actual del poder: ya no siembran miedo, sino que nos convencen de que no tenemos nada valioso, que todos estamos cortados por la misma tijera. No, no estamos cortados por la misma tijera, pero sí estamos narrados con el mismo discurso, aplicado a todos los temas, niveles y sectores.

Esto se hace claro en la forma en que el gobierno está manejando las políticas educativas actualmente: primero nos convencen con una gran campaña mediática de que somos unos ignorantes midiéndonos con índices que no corresponden a nuestra realidad ni a nuestras necesidades, para después recetarnos los mágicos remedios a nuestras grandes carencias. La ministra primero humilla a los colegios poniéndoles un número que los hace sentir el peor antro del país, y luego los pone a pelearse como los perros hambrientos por un hueso pelado. Y las instituciones educativas, al verse metidas en semejante pelea, exigen lo mismo de sus estudiantes, que ya no pensarán en aportar al bienestar común y a la sociedad, sino en lograr los mejores resultados individuales.

Y entonces se dejan de lado los conocimientos propios, la experiencia de los pedagogos que llevan tanto tiempo generando procesos educativos alternativos, las necesidades particulares del territorio, la educación que internamente se ha venido desarrollando y que ha enfrentado directamente los problemas que nos aquejan.   Todo esto suena absurdo desde el punto de vista educativo, que debería estar enfocado a transformar las realidades, pero es muy inteligente desde el punto de vista de los poderes económicos que necesitan la competencia como motor de desarrollo aunque generen inevitablemente la desigualdad.

El problema es cultural, y los medios masivos junto a la educación, han jugado un papel decisivo en el imaginario que tenemos de nosotros mismos. Es hora entonces de atacar a esos poderes que dominan nuestra autoestima colectiva; los medios alternativos y la educación popular tienen la responsabilidad de narrarnos de otras maneras, de crear nuevos y diversos imaginarios, y sobre todo de lograr conectarse con la gente del común para que esos muchos imaginarios se hagan verdaderamente populares. No podemos ser una nación tan echada a perder, aunque lo diga Vallejo y tenga tanta razón, debe haber algo para rescatar.

Hay otra Colombia por narrar, y no es la Colombia "light" que nos muestran los mismos que nos dicen que somos malos. Hay que buscar los lados de la historia que no se han contado. El pensamiento de minga milenaria que ha dado sus fuertes luchas colectivamente. Las resistencias negras que llevaron a los pueblos a tierras libres, que ahora se les quiere arrebatar de nuevo. Las luchas estudiantiles y obreras que resistieron desde los campos y las ciudades sin irse a la guerra, y que mantuvieron vivos los movimientos sociales en el tormentoso siglo XX. Nuestros Jaime Garzón, nuestros Gaitán, nuestros Rafael Uribe Uribe, nuestros Manuel Quintín Lame, nuestros Agualongos, nuestros Benkos Biohó, y muchas otras historias más hasta el momento invisibles. Aquí no todo ha sido malo, y tenemos que empezar a descubrir otra imagen de nosotros mismos.

Entender que hemos tocado fondo en nuestras problemáticas sociales  no nos puede arrebatar las posibilidades de ser seres humanos dignos, pueblos que se mueven y mueven la vida, pueblos que deciden el rumbo que tomará el río de la historia. No se trata de desconocer los problemas, sino de reconocer las capacidades.  No podemos seguir creyendo a los medios que somos la peor cagada de dios en este gran retrete. Solo recuperando la esperanza en nosotros mismos, podremos volver a creer en utopías.

Colombia y toda Latinoamérica, necesitan recordar que tienen pontencialidades grandes y gente guerrera. Hay algo que el sur tiene, y que al norte le falta: la posibilidad de soñar un mundo mejor. Y los sueños son la pluma con que se escribe la historia.

El Diablo Fu


miércoles, 11 de marzo de 2015

Cine, amigo


En el caos de mi vida,
solo el cine da sentido.
Veo cine, luego existo.
Hago cine, luego insisto.


Porque no puedo hablar,
porque no sé hablar,
sólo el cine, amigo sin oídos,
me puede escuchar.


Invento infernal 
y omnipresente,
el cine en el mundo, 
el cine en mi mente...
Es lo único en que creo.
Yo le creo: sé que miente.


Menciona mi vida 
y desaparece.
luego la devuelve 
y más clara parece.

Cuando quiero soñar, 
me lleva consigo,
si trato de huir, 
me recuerda: ¡Estoy vivo!


Si reencarnación hubiera,
en el cine es contingente,
sería un celuloide 
en los violentos años 20,
para incendiar una sala 
plétora de gente.


Y morir bañado en luz
y morir en movimiento,
como cada film que he visto
esperando el gran momento.


En el caos de mi vida,
solo el cine da sentido.
Veo cine, luego existo.
Hago cine, luego insisto.

El Diablo Fu

sábado, 22 de noviembre de 2014

Palabras sueltas. Anarquía, anarquismo y Autogobierno.


Anarquía no es lo mismo que anarquismo. La anarquía es un estado del ser y de la vida, una actitud (actos), y una decisión. El anarquismo es una racionalización de la anarquía, que deviene en teoría y pensamiento. Es la filosofía del individuo y del ser.
Pero no puede imponerse un pensamiento libertario, pues por principio mismo de la anarquía, cada quién debe descubrir para sí mismo lo que es vivir en libertad.
Por lo tanto, el anarquismo no puede más que ser un descubrimiento del individuo para su propia vida, mientras que la anarquía es la aplicación de ese pensamiento a la vida y la convivencia con otras libertades.
La anarquía es la posibilidad de ser responsables de nosotros mismos, a nivel individual y colectivo. Es la articulación de libertades, entendiendo que mi libertad es la libertad de todos, y la libertad del otro es mi libertad.
El cristianismo primitivo (algunos sostienen que el único cristiano de la historia murió crucificado hace más de dos mil años), ha sido símbolo de una sociedad solidaria, libertaria y revolucionaria. En el pensamiento judeocristiano se evade constantemente que el libre albedrío es la orden divina de la libertad: el Dios judeocristiano ha creado al hombre y a la mujer anarquistas.
En el pensamiento indígena Maya, un anciano saludaba de esta manera: "In lake'ch", es decir, yo soy otro tú. El subcomandante Marcos, del EZLN, se acerca al pensamiento anarquista en esta frase: "Yo soy como soy y tú eres como eres, construyamos un mundo donde yo pueda ser sin dejar de ser yo, donde tú puedas ser sin dejar de ser tú, y donde ni yo ni tú obliguemos al otro a ser como yo o como tú."
En el pensamiento indígena Muisca, la anarquía se expresa perfectamente en los principios de "no te hagas daño, no hagas daño, ni permita que se haga daño". Y por supuesto, Jaime Garzón nos contó lo que nuestros propios indígenas piensan al respecto cuando interpretaron el artículo 11 de la constitución de 1991: "Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente".
La anarquía es entonces la posibilidad de ser de todos cada uno. Y el anarquismo, la forma en que el individuo y las asociaciones humanas de distintos tipos interpretan la libertad del ser, y de todos los seres.

Para finalizar, hay qué reconocer que hablar de anarquía siempre se ha prestado a confusiones y malas interpretaciones, pues se relaciona siempre con desorden, a la violencia y otras características por lo general negativas. Y aunque esto es lo más alejado del real pensamiento anarquista, es comprensible la confusión: el nombre mismo que se le ha dado a este pensamiento es inexacto, pues no se debe hablar de anarquía (sin gobierno), sino de auto gobierno, pues la anarquía es la negación de cualquier forma de poder, pero esta negación se da para que el poder sobre un sujeto resida en sí mismo. Es decir, no gobernar, ni ser gobernado, para tener la libertad de gobernarse. 

Luís Alexander Díaz Molina
El Diablo Fu

martes, 12 de agosto de 2014

Algunas aclaraciones a título personal sobre Sur de la Universidad

Algunas aclaraciones a título personal. Sur de la Universidad no es una película sobre la MANE. Es una película sobre el movimiento estudiantil colombiano, del cuál la MANE es tan solo un capítulo, no el primero, ni tampoco el último.

Pienso que la MANE logró cosas muy importantes, pero también perdió la oportunidad de hacer algo realmente valioso cuando tuvo la oportunidad. Y hay qué decirlo, eso sucedió porque una vez más, como narra Sur de la Universidad, la historia se repitió con las divisiones internas, con la exclusión de las bases que la componían, y la cooptación del proceso por parte de algunos sectores estudiantiles. Con Sur de la Universidad intentamos visibilizar estos problemas, hacer ver al estudiantado que no podíamos repetir los mismos errores que ya se habían cometido. Pero se cometieron.

Y la culpa fue de todos, incluido quien escribe estas palabras, pues el compromiso decayó, el debate se prohibió, y fue más fácil criticar que construir. Sin embargo, no es la primera vez que sucede esto con el movimiento estudiantil, y ahora es tiempo de que los estudiantes vuelvan a tomar las riendas de lo que está sucediendo en la educación. La crisis de la universidad no solo siguió, sino que ha empeorado cada día más. Tan solo hay que echar una mirada a cómo está la Universidad Pedagógica, la educadora de educadores: el punto de abandono y crisis al que la tiene sometida el estado, nos da a entender por dónde va realmente la educación.

 Hoy es Gina Parody la nueva ministra de educación. Se viene una reforma tan igual a la que derrocamos en 2011, que puede ser mucho peor. Nada nuevo. Lo que sí sería nuevo es que los estudiantes lograran superar sus diferencias ideológicas, y poner por encima de proyectos personales los intereses de todo un país en términos de educación.

 Recuerdo que en la Séptima Plenaria de la MANE, en la que estrenamos Sur de la Universidad, la mitad del auditorio no quería que proyectáramos la película. Y sin embargo, muchos dicen que esta es la película de la MANE. Somos parte del movimiento estudiantil, y eso es mucho más amplio que una mesa. Sur de la Universidad fue una crítica no destructiva, pero parece que si uno no habla un lenguaje violento, y ataca al otro, no se entiende lo que se quiere decir.

 Pero seguiremos el ejemplo de Jaime Garzón, quien nos enseñó que a veces es mejor dar la vida de uno mismo, a cegar la del prójimo, y que "nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente".

 Luís Alexander Díaz Molina
 Co-director y montajista de Sur de la Universidad

martes, 17 de junio de 2014

¡Ay! dios mio, dios mio

¿Qué va a ser de mi vida sin ella?
¡Ay!, dios mio, dios mio,
¿por qué me has abandonado?

Cómo quisiera que existieras.
¡Ay!, dios mio, dios mio,
          ...Estoy solo,
          y nadie me ve llorar.

lunes, 10 de marzo de 2014

Preguntitas sobre la democracia en Colombia.


Más que hacer un análisis y tratar de sacar conclusiones respecto a la reciente jornada electoral, en la cual la victoria evidente es de la derecha que ganó aún estando supuestamente dividida, yo tengo varias preguntas que me gustaría que me ayudaran a plantear.

¿Dónde está la Colombia que se indignó por la muerte de Gaitán al punto de parir el Bogotazo? ¿Dónde la Colombia que celebró el proceso de paz con el M19, y que en su momento votó por Pizarro? ¿Dónde quedó el luto de Pizarro y de la UP? ¿Y dónde el dolor de la pérdida de Galán? ¿Dónde está incluso el dolor por las víctimas que no pensaban como nosotros? ¿Dónde las lágrimas por los soldados de cualquier ejército, que también son seres humanos? ¿Dónde el dolor de los secuestrados? ¿Dónde, por todos los demonios, dónde está la Colombia que admiró, aprendió, rió y por último lloró a Jaime Garzón?

No se ve ni en las urnas, ni en las calles, ni en ningún espacio en donde uno pueda decir que están tomando una posición: no está en el juego democrático, que alcanza a niveles de abstención de más del cincuenta por ciento, lo que nos deja muchas dudas sobre qué piensan realmente los colombianos; no están en las calles, uno no sabe si por miedo o por indiferencia, o porque definitivamente vivimos en un país que le gusta entregarse al caudillo, pues siempre es más fácil que otros decidan por mi.

Y más cuando nos prometen prosperidad, seguridad democrática, riquezas que nadie explica de dónde van a salir, lujos al estilo de Pablo Escobar (al que deberíamos encomendar de una vez por todas este desgraciado país, en vez del sagrado corazón). Más cuando lo único que piden a cambio es obediencia, silencio, hacernos a un lado y no molestar.

Pero la pregunta persiste, no muere con esas respuestas, porque no es razonable que aquellos que lloraron, marcharon y se manifestaron, sean los mismos que callan y se doblegan. ¿Dónde está la Colombia "indignada"? Quizás nos mataron a unos, otros, ya decepcionados, no creemos que un voto sirva para algo en contra de la maquinaria política (y sin embargo allí están las cifras claras, abstención de más de la mitad del país).

Y los pocos que creemos en la democracia como una posibilidad de ejercer el poder desde las bases, aquello que llamamos pueblo, estamos insertos en una pelea absurda entre nosotros mismos. Que si el voto en blanco funciona o no, que si es mejor no votar, que si ese otro es un mamerto, un comunista, un progresista, un radical, un anarco, uno distinto a mi. Indignado también, pero no un posible compañero. Llora la misma tragedia, pero es imposible, por la más extraña razón, que su lucha sea común a la mía.

Y en este silencio terrible y sepulcral del pueblo colombiano, nos quieren hacer creer que la oposición es de derecha, que la pelea está entre dos derechas, cuando la única diferencia es el método pero apuntan exactamente a lo mismo de siempre: vender el país de la forma más literal, acumular riquezas a costa de la miseria del otro. Algo que, por lo demás, está inserto en nuestra vida cotidiana, pues el colombiano nunca pierde oportunidad para joder al otro si esto le genera beneficios personales. E incluso si no le genera beneficios, lo importante aquí es aniquilar al que no piensa como yo. ¿Tan enfermos estamos?

Quizás el juego democrático sí esté funcionando en este país. Quizás sí vivimos en un país que ama las políticas de derecha, a pesar de la miseria, los muertos, los desaparecidos, a pesar de la salud como un negocio a costa de nuestras vidas, a pesar de la muerte de la educación, a pesar de los recursos naturales de los que nos seguimos sintiendo orgullosos, aunque ignoramos en qué medida ya no son nuestros. ¿Pero cómo saberlo? ¿Cómo saber si a lo que nos enfrentamos aquellos que vemos fallas profundas en este sistema, en nuestro país, es a una nación de derecha? ¿Cómo saberlo si no estamos ni en las urnas, ni en las calles?

Pues una cosa es clara: tenemos ante nosotros un reto enorme, un panorama que pinta negro si tenemos en cuenta lo que ya hemos vivido en la historia de nuestro país. Tenemos ante nosotros un país que no se atreve siquiera a opinar, a participar, o que no le interesa, que no entiende lo terrible de nuestra situación, o quizás un país que se lamenta y olvida. O un reto aún mayor, un país que no piensa como nosotros. Un país que nunca lamentó ninguno de nuestros muertos, ninguno de nuestros desplazados, ninguna de nuestras tragedias.

¿Qué se puede, qué se debe hacer entonces? Esa es la gran pregunta ante el panorama que se nos ofrece. Y como a toda gran pregunta se debe responder con mil preguntas más, yo creo que la respuesta es la educación, hidra de mil cabezas, hidra de mil preguntas, tormento de los poderosos que en sus peores pesadillas les pregunta "¿por qué?".

Y no hablo solamente de la educación formal, escuelas, colegios y universidades, aunque están incluidas. Hablo de educación en un sentido mucho más amplio, una educación que se extiende a los barrios,  a los pueblos, a las calles, a las casas. Una educación como ejercicio de análisis cotidiano acerca de nuestra realidad. Una educación que parta del ejemplo, y que nos permita discutir, ¡hablar, por lo que más quieran, hablar en vez de disparar! Hablar de lo que realmente pensamos, aunque corramos el riesgo de que no nos guste. Saber qué es lo que piensa Colombia, y darnos la posibilidad de revaluar aquello que estemos pensando.

Nuestro refugio es entonces la educación. Nuestra forma de lucha más efectiva será cuestionar, preguntar, hablar. En un país que calla, la misión es hacerlo hablar. En un país que ignora, la misión es ayudarle a conocer. En un país lleno de odio, la misión es, aunque "digamos y pensemos diferente", educarnos para amar.

viernes, 7 de marzo de 2014

Azul

Si yo tuviera una máquina para inventar palabras, podría decir algunas cosas...
Contaría nueve historias que nunca se han leído, cantaría seis canciones que nadie ha cantado, nombraría tres colores que sin duda nadie ha visto,
pero todos sabemos que existen, todos sabemos que existen, todos sabemos que existen.

Pero las palabras nacen de un árbol que da fruto en primavera. Y en invierno se calla, y no arroja ni una letra con la que pueda decir que es invierno, que no hay palabras ni letras. Se queda callado y solo, esperando que buen tiempo venga, mientras todo muere de frío a su alrededor.

miércoles, 15 de enero de 2014

Hay un Cine Posible

Hay un Cine Posible por hacer, liberado por fin de las reglas del dinero y la industria, artesanal si se quiere, pero por fin expresión de los pueblos y no de una élite. Creación colectiva, disolución de la estrellas en la galaxia. 

La tarea del cineasta que decida asumir ese cine posible ya no se limita a escribir proyectos que le lleven a ganar premios, sino a convertirse en pedagogo en el sentido que lo entiende Paulo Freire, para crear un cine que se construya junto a la gente, que transforme la realidad no sólo por el producto mismo, sino por su proceso de realización.

Un Cine Posible no dejará a nadie intacto, pues hace del antiguo espectador un autor, del antiguo autor un espectador, y del cine un proceso popular de transformación constante. Capacitación y concienciación de unos y otros que significa un crecimiento en lo individual y lo colectivo.

No crean que es tarea fácil, ni que los resultados están garantizados. No podemos esperar que una transformación radical del cine se produzca haciendo lo ya conocido, tenemos que explorar terrenos indómitos. Tampoco anunciamos el fin del cine, ni su utopía final: el cine posible es una opción no dada, que se debe reconstruir y reinventar a cada paso.

Hay un Cine Posible por hacer.

El Diablo Fu

sábado, 21 de diciembre de 2013

Huésped

Si la tristeza no se va,
si pasa la noche en casa,
y se sienta a la mesa,
y se acuesta en la cama,
¿Qué haremos, amor mio, si tristeza llega a casa?

Y si aún al otro día,
saliendo el sol de mañana,
ella se queda y
la luz no la espanta,
¿Qué haremos, amor mio, si tristeza llega a casa?

Todas nuestras alegrías
se irán para alimentarla.
Los buenos recuerdos,
las sonrisas largas,
serán convertidos en lágrimas mañana.

Partiremos de nuevo juntos
pero en direcciones contrarias.
Extrañando el hogar,
recordando la casa
donde tristeza llegó para nunca dejarla.