lunes, 10 de marzo de 2014

Preguntitas sobre la democracia en Colombia.


Más que hacer un análisis y tratar de sacar conclusiones respecto a la reciente jornada electoral, en la cual la victoria evidente es de la derecha que ganó aún estando supuestamente dividida, yo tengo varias preguntas que me gustaría que me ayudaran a plantear.

¿Dónde está la Colombia que se indignó por la muerte de Gaitán al punto de parir el Bogotazo? ¿Dónde la Colombia que celebró el proceso de paz con el M19, y que en su momento votó por Pizarro? ¿Dónde quedó el luto de Pizarro y de la UP? ¿Y dónde el dolor de la pérdida de Galán? ¿Dónde está incluso el dolor por las víctimas que no pensaban como nosotros? ¿Dónde las lágrimas por los soldados de cualquier ejército, que también son seres humanos? ¿Dónde el dolor de los secuestrados? ¿Dónde, por todos los demonios, dónde está la Colombia que admiró, aprendió, rió y por último lloró a Jaime Garzón?

No se ve ni en las urnas, ni en las calles, ni en ningún espacio en donde uno pueda decir que están tomando una posición: no está en el juego democrático, que alcanza a niveles de abstención de más del cincuenta por ciento, lo que nos deja muchas dudas sobre qué piensan realmente los colombianos; no están en las calles, uno no sabe si por miedo o por indiferencia, o porque definitivamente vivimos en un país que le gusta entregarse al caudillo, pues siempre es más fácil que otros decidan por mi.

Y más cuando nos prometen prosperidad, seguridad democrática, riquezas que nadie explica de dónde van a salir, lujos al estilo de Pablo Escobar (al que deberíamos encomendar de una vez por todas este desgraciado país, en vez del sagrado corazón). Más cuando lo único que piden a cambio es obediencia, silencio, hacernos a un lado y no molestar.

Pero la pregunta persiste, no muere con esas respuestas, porque no es razonable que aquellos que lloraron, marcharon y se manifestaron, sean los mismos que callan y se doblegan. ¿Dónde está la Colombia "indignada"? Quizás nos mataron a unos, otros, ya decepcionados, no creemos que un voto sirva para algo en contra de la maquinaria política (y sin embargo allí están las cifras claras, abstención de más de la mitad del país).

Y los pocos que creemos en la democracia como una posibilidad de ejercer el poder desde las bases, aquello que llamamos pueblo, estamos insertos en una pelea absurda entre nosotros mismos. Que si el voto en blanco funciona o no, que si es mejor no votar, que si ese otro es un mamerto, un comunista, un progresista, un radical, un anarco, uno distinto a mi. Indignado también, pero no un posible compañero. Llora la misma tragedia, pero es imposible, por la más extraña razón, que su lucha sea común a la mía.

Y en este silencio terrible y sepulcral del pueblo colombiano, nos quieren hacer creer que la oposición es de derecha, que la pelea está entre dos derechas, cuando la única diferencia es el método pero apuntan exactamente a lo mismo de siempre: vender el país de la forma más literal, acumular riquezas a costa de la miseria del otro. Algo que, por lo demás, está inserto en nuestra vida cotidiana, pues el colombiano nunca pierde oportunidad para joder al otro si esto le genera beneficios personales. E incluso si no le genera beneficios, lo importante aquí es aniquilar al que no piensa como yo. ¿Tan enfermos estamos?

Quizás el juego democrático sí esté funcionando en este país. Quizás sí vivimos en un país que ama las políticas de derecha, a pesar de la miseria, los muertos, los desaparecidos, a pesar de la salud como un negocio a costa de nuestras vidas, a pesar de la muerte de la educación, a pesar de los recursos naturales de los que nos seguimos sintiendo orgullosos, aunque ignoramos en qué medida ya no son nuestros. ¿Pero cómo saberlo? ¿Cómo saber si a lo que nos enfrentamos aquellos que vemos fallas profundas en este sistema, en nuestro país, es a una nación de derecha? ¿Cómo saberlo si no estamos ni en las urnas, ni en las calles?

Pues una cosa es clara: tenemos ante nosotros un reto enorme, un panorama que pinta negro si tenemos en cuenta lo que ya hemos vivido en la historia de nuestro país. Tenemos ante nosotros un país que no se atreve siquiera a opinar, a participar, o que no le interesa, que no entiende lo terrible de nuestra situación, o quizás un país que se lamenta y olvida. O un reto aún mayor, un país que no piensa como nosotros. Un país que nunca lamentó ninguno de nuestros muertos, ninguno de nuestros desplazados, ninguna de nuestras tragedias.

¿Qué se puede, qué se debe hacer entonces? Esa es la gran pregunta ante el panorama que se nos ofrece. Y como a toda gran pregunta se debe responder con mil preguntas más, yo creo que la respuesta es la educación, hidra de mil cabezas, hidra de mil preguntas, tormento de los poderosos que en sus peores pesadillas les pregunta "¿por qué?".

Y no hablo solamente de la educación formal, escuelas, colegios y universidades, aunque están incluidas. Hablo de educación en un sentido mucho más amplio, una educación que se extiende a los barrios,  a los pueblos, a las calles, a las casas. Una educación como ejercicio de análisis cotidiano acerca de nuestra realidad. Una educación que parta del ejemplo, y que nos permita discutir, ¡hablar, por lo que más quieran, hablar en vez de disparar! Hablar de lo que realmente pensamos, aunque corramos el riesgo de que no nos guste. Saber qué es lo que piensa Colombia, y darnos la posibilidad de revaluar aquello que estemos pensando.

Nuestro refugio es entonces la educación. Nuestra forma de lucha más efectiva será cuestionar, preguntar, hablar. En un país que calla, la misión es hacerlo hablar. En un país que ignora, la misión es ayudarle a conocer. En un país lleno de odio, la misión es, aunque "digamos y pensemos diferente", educarnos para amar.

viernes, 7 de marzo de 2014

Azul

Si yo tuviera una máquina para inventar palabras, podría decir algunas cosas...
Contaría nueve historias que nunca se han leído, cantaría seis canciones que nadie ha cantado, nombraría tres colores que sin duda nadie ha visto,
pero todos sabemos que existen, todos sabemos que existen, todos sabemos que existen.

Pero las palabras nacen de un árbol que da fruto en primavera. Y en invierno se calla, y no arroja ni una letra con la que pueda decir que es invierno, que no hay palabras ni letras. Se queda callado y solo, esperando que buen tiempo venga, mientras todo muere de frío a su alrededor.

miércoles, 15 de enero de 2014

Hay un Cine Posible

Hay un Cine Posible por hacer, liberado por fin de las reglas del dinero y la industria, artesanal si se quiere, pero por fin expresión de los pueblos y no de una élite. Creación colectiva, disolución de la estrellas en la galaxia. 

La tarea del cineasta que decida asumir ese cine posible ya no se limita a escribir proyectos que le lleven a ganar premios, sino a convertirse en pedagogo en el sentido que lo entiende Paulo Freire, para crear un cine que se construya junto a la gente, que transforme la realidad no sólo por el producto mismo, sino por su proceso de realización.

Un Cine Posible no dejará a nadie intacto, pues hace del antiguo espectador un autor, del antiguo autor un espectador, y del cine un proceso popular de transformación constante. Capacitación y concienciación de unos y otros que significa un crecimiento en lo individual y lo colectivo.

No crean que es tarea fácil, ni que los resultados están garantizados. No podemos esperar que una transformación radical del cine se produzca haciendo lo ya conocido, tenemos que explorar terrenos indómitos. Tampoco anunciamos el fin del cine, ni su utopía final: el cine posible es una opción no dada, que se debe reconstruir y reinventar a cada paso.

Hay un Cine Posible por hacer.

El Diablo Fu

sábado, 21 de diciembre de 2013

Huésped

Si la tristeza no se va,
si pasa la noche en casa,
y se sienta a la mesa,
y se acuesta en la cama,
¿Qué haremos, amor mio, si tristeza llega a casa?

Y si aún al otro día,
saliendo el sol de mañana,
ella se queda y
la luz no la espanta,
¿Qué haremos, amor mio, si tristeza llega a casa?

Todas nuestras alegrías
se irán para alimentarla.
Los buenos recuerdos,
las sonrisas largas,
serán convertidos en lágrimas mañana.

Partiremos de nuevo juntos
pero en direcciones contrarias.
Extrañando el hogar,
recordando la casa
donde tristeza llegó para nunca dejarla.

sábado, 14 de septiembre de 2013

El beso.

Mil granos de arena
danzaban en el viento,
pero sólo uno tocó tu ojo.


Mil gotas de lluvia
saltaron de las nubes,
pero sólo una mojó tu frente.


Mil copos de nieve
pintaron blancas calles,
pero sólo uno te heló el alma.


Ese  grano soy yo.
Esa gota soy yo.
Ese copo soy yo.
Ese instante, fugaz y eterno,
ese,
soy yo.

El Diablo Fu

lunes, 19 de agosto de 2013

Oración de El Diablo (Fu)


Nosotros los adultos, ya tan echados a perder. ¡Pobres de nosotros, los adultos!
Generación perdida entre sus anticuadas ideas y obsoletos dogmas; convencidos de que el mundo se divide en izquierda y derecha, entre este y oeste, entre hombres y mujeres, entre caínes y abeles, ese absurdo y poderoso mito que se apoderó de nuestras mentes y cegó nuestros corazones con una excusa estúpida para matarnos entre hermanos.


Y en vez de hacernos como los niños para ver si entramos, si no al reino de los cielos, por lo menos a una sociedad más amable, elegimos atrofiarlos con nuestros males, contagiarlos de nuestro virus, imponerles nuestras penas a sus ligeros corazones.


Acaso será envidia. Quizás no soportamos ver seres que aún eligen a sus padres antes que un billete, que entienden la importancia de la comida y desprecian el oro por ser inútil para cantar, que conocen la importancia del ocio y el juego como la mejor manera de aprovechar el tiempo con los que más aman.


Tenemos envidia de la infancia, pues les negamos lo indispensable y los atiborramos de cosas que no necesitan; les enseñamos nuestros vicios, y evitamos su ardoroso amor poniendo de por medio algún aparato que los distraiga y les enseñe cómo deben comportarse en el mundo que ya existe, pues somos muy cobardes para sentarnos junto a ellos a imaginar un mundo diferente.


Generaciones perdidas, una tras otra, como olas de veneno que lamen las orillas de su propio fin, creyendo tercamente que llegarán más allá, aunque en el fondo saben que no tiene sentido, porque ya son aguas muertas.


Yo, El Diablo Fu, insisto y anhelo no cansarme de insistir: mundo, tu salvación está en el vientre de tus madres, en las cunas de tus hijos, en los salones en los que los has encerrado, de los que no los quieres dejar salir hasta que no sean más que materia prima de la destrucción. Libéralos, y libérate tú con ellos, ámalos, y ellos te amarán; arruinarlos, y serán quienes escupan sobre tu tumba. 

Ojalá sean ellos, la infancia, el agua que lave la sangre de nuestras manos.

El Diablo Fu

jueves, 20 de junio de 2013

LAS COSAS CLARAS: BATIDAS INCONSTITUCIONALES




1. Introducción


En noviembre del 2011 la Corte Constitucional de Colombia emitió un fallo en contra de las llamadas “batidas” por parte del ejército, que se realizaban con el supuesto fin de detectar remisos y hacerlos cumplir su deber constitucional de la prestación del servicio militar. 

Sin embargo, el ejército ha continuado realizando estas redadas en las que se llevan, en lugares públicos y  en contra de su voluntad, a muchos jóvenes para obligarlos a definir su situación militar. Esta situación, que técnicamente es un rapto, puede extenderse hasta por días, y no se limitan a esto, sino que inmediatamente son valorados, y enrolados a las fuerzas armadas de Colombia.


Las fuerzas militares desobedecen el fallo constitucional incurriendo así en un delito contra la Carta Magna, dando explicaciones vagas a quienes son retenidos o los que intentan detener este abuso, y por el desconocimiento del fallo de la corte, las personas no saben cómo defenderse o si tienen razón en sus argumentos. Por esta razón he decidido hacer un breve análisis para dejar claro en qué consiste el fallo, y cuál es exactamente el delito que están cometiendo las fuerzas militares en el proceso de reclutamiento.


2. Constitución Nacional y la ley demandada en este caso.


Lo primero que hay que entender, es que la Constitución Nacional es la ley fundamental de un país, es decir, la principal referencia para la organización de un estado. Nada puede estar por encima de la constitución nacional, que es el máximo acuerdo de una sociedad para poder organizarse y vivir como tal. Por esta razón, las leyes que se decretan por parte de la rama judicial deben ser acordes a la Constitución, se crean para aplicarla y por ningún motivo pueden contradecirla o violarla.


Sin embargo, suceden casos en los que se emiten leyes o artículos en las mismas que no son constitucionales, y violan por lo tanto los máximos acuerdos de una sociedad, los derechos más básicos de los ciudadanos establecidos por la misma.  


Esto fue lo que sucedió con el artículo 14 de la ley 48 de 1993, que fue demandado por un ciudadano colombiano por considerarlo inconstitucional. La Corte Constitucional, como el organismo destinado a proteger la integridad de la Constitución nacional, declaró que en este punto de la demanda el demandante tenía razón.


El artículo en cuestión dice que la autoridad podrá obligar (compeler) a los ciudadanos varones mayores de edad a inscribirse para definir su situación militar. El artículo de esta ley está establecido para dar cumplimiento al deber constitucional de los ciudadanos de prestar servicio militar.


3. ¿Por qué se considera inconstitucional este artículo?


La libertad personal y de locomoción son derechos constitucionales. La prestación del servicio militar es también un deber constitucional.


Cuando el ejército realiza las llamadas batidas, está abusando de su autoridad, puesto que la mayoría de ciudadanos que se lleva no son remisos, sino personas que no han definido su situación militar, a lo que nadie los puede obligar. Ya hay establecidas unas medidas por las cuales el ciudadano se ve afectado por no definir su situación militar, como la imposibilidad de celebrar ciertos contratos, no poder acceder a ciertos trabajos o estudio, además de una multa anual acumulable.


Es decir, ya hay sanciones que afectan a quien no ha definido su situación militar. Obligar a alguien a definirla de la manera en que lo ha venido haciendo el ejército es una violación a los derechos constitucionales de los ciudadanos.


Para privar de la libertad a un ciudadano, es necesario que esta decisión sea justificada y proporcional, y se necesita siempre una orden judicial. Además esta privación de libertad debe respetar siempre los derechos fundamentales del ciudadano. Esta es la razón por la que el ciudadano demandante del artículo considera que es inconstitucional esta forma de actuar del ejército, pues en ningún caso en dichos reclutamientos hay una orden judicial contra las personas que están siendo detenidas, y muchos de ellos ni siquiera son remisos.


4. Lo que declaró la Corte Constitucional.


La Corte encontró que efectivamente este artículo se prestaba para interpretaciones por parte de las fuerzas armadas de Colombia para violar derechos constitucionales, pues obligan a los ciudadanos a subirse a un camión, los conducen a un distrito militar u otro lugar en el que realizan la inscripción, son valorados, y en caso de resultar aptos, incorporados a las mismas. Todo esto en contra de su voluntad, violando los derechos constitucionales a la libertad personal y la libertad de locomoción, es decir, libertad para moverse dentro del territorio nacional a nuestro antojo, sin que nadie nos obligue a movernos a donde no queremos.


Es así como la Corte Constitucional declaró inexequible, es decir, inaplicable o inválida,  la expresión “Cuando se llegue a la mayoría de edad sin haberse dado cumplimiento a esta obligación, la autoridad podrá compelerlo sin perjuicio de la aplicación de las sanciones que se establecen en la presente Ley”, del artículo en cuestión.


¿Qué quiere decir esto en términos reales? Que ningún ciudadano puede ser retenido, subido a un vehículo, ni llevado en contra de su voluntad a definir su situación militar. Esto solo es posible cuando un ciudadano se ha inscrito, ha realizado el proceso, y no se presentó para el reclutamiento. Es entonces cuando el ciudadano es declarado “remiso”.  


Encontramos entonces que solo pueden ser privados de su libertad momentáneamente las personas declaradas “remisos”, que son los ciudadanos que finalizaron el proceso requerido para definir su situación militar (inscripción, primer examen, segundo examen, sorteo, concentración, incorporación y clasificación), resultaron aptos, y no se presentaron para su incorporación a las fuerzas armadas.


Esto quiere decir que si usted es un ciudadano que no se ha inscrito, o no ha completado el proceso para definir su situación militar, no puede ser detenido por las autoridades y obligado a hacer el proceso o completarlo.


Y si usted es un ciudadano “remiso”, no pueden llevarlo si no tienen una orden judicial contra usted para hacerlo.


No hay ninguna justificación para que el ejército, la policía, ni ningún otro ente o persona se lo lleve a definir su situación militar. Es bueno saberlo, para que las fuerzas armadas de Colombia no sigan violando nuestros derechos constitucionales.


Aquí la decisión textual de la corte:


Primero.- Declarar EXEQUIBLE la expresión “Cuando se llegue a la mayoría de edad sin haberse dado cumplimiento a esta obligación, la autoridad podrá compelerlo sin perjuicio de la aplicación de las sanciones que se establecen en la presente Ley”, contenida en el artículo 14 de la Ley 48 de 1993 en los términos fijados en el  punto N° 6 de la parte motiva de esta providencia.


Segundo.- Declarar EXEQUIBLE el inciso segundo del literal g del artículo 41 de la Ley 48 de 1993 en los términos fijados en la parte motiva de esta providencia.

Aquí podrán encontrar el fallo de la Corte Constitucional, la fuente es la página oficial de la misma.
http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2011/c-879-11.htm