sábado, 27 de abril de 2013

La redención de un país


En Colombia se lleva a cabo un proceso de paz que parece prometer muchos más resultados de los que prometían los que le han precedido en este largo intento por acabar con el conflicto armado en Colombia.

Una guerra que no tiene 65 años, sino que ha sido un vertimiento de sangre e injusticia a través de toda la historia del país, y cuyas raíces se pueden seguir hasta los tiempos de la abusiva e irracional invasión europea.

Tan prometedor se ha vuelto este proceso, que el país entero está convulsionado, y la política nacional ha tornado un tinte casi surreal: la extrema derecha está desesperada por desacreditar los intentos de paz; el neoliberalismo y las propuestas de izquierda encuentran por fin posiciones y objetivos comunes, y hasta trabajan de la mano; y el país entero debate una situación que a todos ha tocado.

Pero algo sigue igual: nadie quiere ceder, ni reconocer las propias faltas, sino que permanece el deseo de que se haga justicia para sí, y se obtenga el castigo para el otro.

Para que el proceso de paz sea posible, es imprescindible entender que el conflicto no es responsabilidad de una sola de las partes, que no hay buenos y malos, sino que todos hemos tenido parte y culpa en este trágico camino del país, así mismo todos hemos sido víctimas.

Y para salirnos de ese camino, es necesario en primer término, reconocer las faltas de todas las partes del conflicto, aceptar los crímenes y las barbaries de todos los sectores, incluidos gobierno, guerrillas, paramilitares, ejército, y la misma sociedad civil; y en segundo término, es imprescindible el perdón, que es un acto doloroso: el perdón implica "impunidad" en el mejor sentido de la palabra.

En el tiempo que fui un ferviente creyente de dios aprendí del cristianismo una lección que, aunque dichas creencias no hagan parte ahora de mi cosmogonía, siempre he reconocido como el aporte más valioso de la teología cristiana a la humanidad, el perdón.

Y tanto los católicos y cristianos, como los que no pertenecemos a estas religiones, tenemos algo qué aprender del cristo en un momento tan importante para el país. Porque dentro de la cosmogonía judeocristiana, Jesucristo fue capaz de perdonar faltas gravísimas, aún a costa de su propia vida, con el propósito de que los "pecadores" se arrepintieran, no fueran castigados, y de esta manera tuvieran la oportunidad de corregir sus caminos.

No implica esto que las víctimas no deben ser reparadas, por el contrario, es necesario que la justicia ejerza su función de equilibrar las balanzas que se han desequilibrado. Las heridas deben ser sanadas, el sufrimiento debe ser compensado. Porque las lágrimas derramadas nunca volverán a los corazones que les sirvieron de cuna. Pero esto no se logra a partir de la venganza y el castigo, sino de la reparación, mientras que la serpiente que se traga su propia cola sólo puede ser detenida a partir del perdón y la reconciliación.

No se trata de evangelizar un país que debe seguir siendo laico, sino de aprender una gran lección. La reconciliación tiene dos claves: la aceptación y el arrepentimiento sincero de los errores cometidos (que implica un cambio de la forma de actuar), y el perdón sincero (que implica sacrificar nuestro interés de venganza, renunciar al castigo del ofensor).

La reconciliación implica que, el que reconoce una falta, se duele de ella y la acepta como un error o un crimen, mientras el que ha sido víctima, debe dar la oportunidad de cambio a su victimario, abdicando al deseo de la venganza.

Será este acto de contrición y reconciliación entre víctimas y victimarios (y por lo tanto victimarios y víctimas), lo que abra el camino a un futuro de verdadera paz.

Y el primer paso es que todos reconozcamos que hemos sido tanto víctimas como victimarios en esta gran tragedia, cuyo final feliz puede estar al alcance de nuestro pulso, y sobre todo en nuestra sinceridad y honestidad al perdonar y pedir perdón.

El Diablo Fu

domingo, 21 de abril de 2013

CONTRAINFORMACIÓN: EL QUINTO PODER EN MANOS DE LOS MOVIMIENTOS VIRTUALES.


INTRODUCCIÓN


En su texto “Ante el dolor de los demás”, Susan Sontag nos presenta un análisis de la fotografía como herramienta política, sus posibilidades para intervenir en la realidad y lograr un rechazo hacia la guerra, a partir del intercambio de correspondencia entre Virginia Woolf y un abogado londinense que pregunta “¿cómo hemos de evitar la guerra en su opinión?”.


Lo que hay en discusión es el carácter supuesto de objetividad de la fotografía como elemento probatorio, testimonial de hechos históricos, específicamente la guerra. Al ser la fotografía, por su proceso técnico, una huella luminosa de un instante real, y aún más, siendo una representación de lo real con un objeto como mediador (y no la mano de un artista), adquiere una autoridad basada en la supuesta objetividad del proceso.


Sin embargo, se plantea también que la maleabilidad de la fotografía a partir del pie de página combinada con los diferentes intereses políticos hace que la fotografía pase de ser un testimonio objetivo de los hechos, a una herramienta sesgada que responde a intereses específicos, y adquiere un carácter subjetivo que, lejos de poder contribuir al fin de la guerra, la agudiza justificando para cada bando su propia opinión.

Este uso político que desobjetiviza una imagen en principio objetiva, está enmarcado en una discusión que está aún más de fondo: si el pie de página puede modificar el significado “genérico”, como lo llama Sontag, de una imagen a partir de unos intereses específicos, la discusión es acerca de la autoridad e influencia que tiene quien hace ese pie de página. Si la fotografía es maleable, la influencia que esta ejerce en la sociedad con intereses políticos pasa por el cuestionamiento de la autoridad de quien hace el pie de página: ¿Por qué debería creerle a él la información que da sobre la fotografía? ¿Es acaso la única interpretación posible de los hechos? ¿Qué pasa cuando miles de personas tienen la posibilidad de reinterpretar una imagen a partir del pie de página?

LA CUESTIÓN DE LA OBJETIVIDAD DE LA FOTOGRAFÍA

En principio, y sin referirnos aún a las posibilidades tecnológicas de la alteración y edición, la fotografía es posible gracias a un dispositivo tecnológico que captura el reflejo de luz de un aspecto de la realidad, y lo imprime en una superficie fotosensible. En este sentido, la fotografía es índice de un aspecto de la realidad: la huella física de un evento ocurrido. Es en este sentido que se habla de una posible “objetividad” de la imagen fotográfica.

Sin embargo, las posibilidades de intervención de la imagen que hacen que su objetividad se relativice, surgen desde el momento mismo de tomar la foto:  un encuadre tiene muchas variables y preguntas a responder de manera implícita.

¿Por qué ese encuadre? ¿Qué elementos se excluyen del encuadre? ¿Qué profundidad de foco, lente, sensibilidad de película se usa? Si bien estas preguntas pueden parecer superfluas en casos como la fotografía de guerra y otras modalidades de fotoreportaje, son importantes, debido a que nos dan pistas sobre la maleabilidad de la fotografía.

La fotografía tiene como características básicas el tiempo y el espacio capturados. Estas dos dimensiones, espacial y temporal, son las que le diferencian de otros formas de representación similares, como el cine. En el cine, aunque también tenemos imágenes resultado de una huella del reflejo de la luz en objetos reales, hay una diferencia importante referida a la experiencia de percibir la imagen. En el cine asistimos al desarrollo, la presentación de un suceso en un espacio y un tiempo determinados, pero somos testigos de su desarrollo. En la fotografía, por el contrario, tenemos un instante capturado en un espacio y un tiempo determinados, pero al ser un instante inmóvil se crea un distanciamiento del tiempo en que la foto fue tomada. Jean-Marie Schaeffer hace un interesante análisis de este aspecto de la fotografía en su texto “La imagen precaria. Del dispositivo fotográfico”: “La imagen móvil (indicial o no) es imagen en el tiempo, la imagen inmóvil (a condición de que sea indicial) es imagen del tiempo”.

Es precisamente esta característica la que lleva a Sontag a preguntarse sobre la posibilidad de alteración de significado por parte de distintos grupos, de la misma fotografía. “Para los militantes la identidad lo es todo. Y todas las fotografías esperan su explicación o falsificación según el pie(...) Altérese el pie y la muerte de los niños puede usarse una y otra vez.”

Esta posibilidad de alteración se debe principalmente a ese distanciamiento del tiempo y lugar específicos de la imagen fotográfica, que es, como dice Woolf, “la guerra es genérica, y las imágenes que describe son de víctimas genéricas y anónimas”. Y el pie de página puede redefinir totalmente su contenido, siempre desde los intereses del autor de dicha explicación.

Porque como explica muy bien Schaeffer, la discusión de la objetividad de la fotografía pasa también por el conocimiento  del autor acerca del contexto de la fotografía. El fotógrafo puede saber que determinada fotografía es de un niño palestino muerto. Sin embargo, estos datos necesarios para entender de manera objetiva la fotografía no están en ella misma, sino en el conocimiento del autor. Y ese conocimiento parece esencial para darle un significado a una imagen que es tan solo imagen de un aspecto de la realidad, es decir, una interpretación. ¿Quién y con qué intención y autoridad hace esa interpretación por medio del pie de página?

Cuando se realiza un pie de página que está interpretando una imagen, dándole un contexto, un espacio y un tiempo determinados, está de alguna manera asegurando que tiene el conocimiento y la autoridad sobre esa información que proporciona. Y estas derivan de un interés específico, como está demostrado en el texto de Sontag. Pero nada de esta información aparece en la fotografía, y es importante cuestionar entonces la autoridad del autor del pie de página.

LA INFORMACIÓN Y LA CONTRAINFORMACIÓN EN INTERNET

Si el conocimiento del contexto de una fotografía es importante, no lo es menos el espacio y el tiempo del espectador que mira la fotografía. Allí también se redefine la cuestión de la objetividad, pues lo que es simplemente una fotografía es vista de distintas maneras por distintas personas en distintos momentos. Mientras para un espectador palestino la fotografía de un compatriota caído es una tragedia, para otro espectador judío esta fotografía es sinónimo de victoria. Es decir, que en el momento de la percepción, el espectador también realiza una labor de interpretación, de alguna manera está agregando su propio pie de página.

Sin embargo, estas interpretaciones personales de una imagen no tienen tanto alcance como las que le puede dar un medio masivo, que por su labor comunicativa presume de objetividad. Es decir, un medio masivo, al tener la función de informar a la opinión pública respecto a eventos que se dan en la actualidad, tiene una autoridad, y por lo tanto un efecto, sobre esa opinión pública. Se presupone que lo que está diciendo es verdad, y allí radica el mayor problema de la información que modifica una fotografía.

¿Qué es la información? es una pregunta pertinente, ya que de lo que trata nuestro problema es de el manejo de la fotografía para dar cuenta de hechos, lo que comunmente denominamos como informar. Gilles Delleuze define a la información como una colección de consignas: “Cuando se nos informa, se nos dice lo que se supone que debemos creer. En otras palabras, informar es hacer circular una consigna (...) Esto es la información, la comunicación, y no hay información alguna al margen de estas consignas y de su transmisión...”.

Esto es clave para entender el fenómeno que describe en su texto Sontag. La información es la versión oficial de los hechos, la versión del que tiene el poder, del que presume la autoridad de anunciar una verdad. Y la información, vista desde esta perspectiva, se está desvaneciendo, deshaciendo gracias a uno de los milagros de nuestra época: la Internet.

¿Qué se puede hacer frente al poder informativo de  los grandes medios, que dan por verdad absoluta una versión de hechos que pueden tener múltiples miradas? La contrainformación no es el lado opuesto a la información. Es más bien todas esas miradas posibles de un hecho, que parten de descentralizar la información de un foco oficial que decide los hechos y la historia. Es la posibilidad que han abierto durante mucho tiempo los llamados medios alternativos, pero que hoy en día, se ha potenciado mucho más gracias a la internet y las redes sociales, puesto que el público que jamás soñaron tener los grandes medios, ahora está al alcance de cualquier persona en la red.


Hoy en día se pueden encontrar blogs, páginas, y perfiles sociales de cualquier persona o grupo, con gran o poca cantidad de seguidores, a quienes pueden comunicar cualquier pensamiento, o transmitir cualquier contenido (sea este propio, ajeno o modificado por la persona o grupo).

Los quince minutos de fama que profetizaba Andy Warhol hoy son una realidad palpable gracias a Internet. Y este fenómeno se puede dar por cualquier motivo, que es una de las cosas más sorprendentes para los que vivieron una época sin Internet. Una adolescente puede tener una página con miles de seguidores solo por tener una cara linda. Un joven puede tener miles de seguidores que andan pendientes de su humor cotidiano, exagerado, racista o antiracista. Una persona se puede hacer famosa no por su trabajo, sino por una simple expresión capturada en una foto, el gran logro de los Memes, un concepto que refiere a una idea básica a través de una imagen, la cual es susceptible de ser modificada e interpretada por miles de interventores-autores, usuarios que entran al gran río de contenidos de la red sin necesidad de tener dinero, talento o “palancas”.

Y bien podemos darnos cuenta a partir del básico análisis que aquí se presenta, que los grandes protagonistas de este fenómeno son los jóvenes. Y aunque en un primer momento puede parecer que ese aire juvenil le ha dado a los diferentes contenidos un todo superficial y vano, es parte fundamental del Internet que esto sea posible, es lo que hace que tenga una gran herramienta como liberador de la información, potenciador de la contrainformación, democratizador y plataforma de una anarquía que evidencia lo que las masas pueden hacer cuando devienen en movimientos.

Porque si por un lado muchas discusiones de importancia mundial pasan a través de Internet por medio del discurso del humor, algo que los medios tradicionales informativos no se han permitido por su dinámica unilateral, esto mismo significa que hay un mundo entero opinando, analizando, transformando la información oficial, dando su propia visión.

Las grandes revoluciones árabes, movimientos de indignados en Europa y América, y movilizaciones sociales en América Latina de los últimos años, han tenido un pie y medio en Internet, donde en muchas ocasiones se han gestado, crecido, y tomado fuerza decisoria.  

Esto no sería posible si cada persona no tuviera esa libertad de expresar, desde el chiste más superfluo, hasta una opinión crítica y elaborada de diferentes situaciones que pasan por todas las áreas de la sociedad mundial.

En Internet la importancia de un hecho no  es medida a partir de intereses particulares o de poder, sino de la acogida que tenga en los millones de usuarios que hay en la red. Y no tiene que ser una mayoría la que acoja un hecho para ser relevante, pues los movimientos en Internet tienen distintas composiciones en cuanto a número, integrantes, intereses y posibilidades. 



El mismo día en que un meteorito cayó en Rusia, miles de imágenes circularon por internet, no sólo difundiendo el hecho, sino reinterpretandolo a partir de elementos de la cultura popular, dando explicaciones tan absurdas, divertidas y variadas, que dejaban las explicaciones oficiales y científicas del hecho a un lado. ¿A quién le importaba las explicaciones de un científico que se la pasó años estudiando las estrellas, si tengo una foto de un sayayín lanzando el meteorito a la tierra?



Podríamos pensar que esta forma en la que los diferentes movimientos tratan diferentes asuntos es grave, pues banaliza cualquier discusión, y se pueden avizorar peligros en la oleada que arrastra la opinión de tantas personas. De hecho se han dado casos negativos, como en todas las manifestaciones del ser humano. Llama especialmente la atención de un chico llamado Alejandro Villanueva, quien tiene Síndrome de Apert, y quien padeció de bullying virtual durante mucho tiempo, a través de imágenes o memes que se burlaban de su condición.  Sin embargo, el reportaje que de este caso hizo otro usuario de la red que se hace llamar Oxlack, a partir exclusivamente de contenidos sacados de internet, hizo que este meme casi desapareciera de la red. Develó el autor tras este Bullying, y llamó a una mayor reflexión a todos los jóvenes que hacían un uso indiscriminado de la imagen de Alejandro Villanueva, cambiando la manera en que se veían los memes hasta entonces, al menos en Latinoamérica. Un caso exclusivo de Internet, imposible de ver en otro medio.

Y todo esto parte curiosamente del mismo pie de página que Sontag, virginia Woolf y muchos otros autores habían criticado por su uso en la guerra. ¿Cuál es la diferencia? La condición de poder. Cuando una figura con una supuesta autoridad informativa asevera algo, parece una información incontrovertible, indiscutible, absoluta. Pero cuando la información deviene en contrainformación, y todos podemos emitir contenidos que se vuelvan masivos, el equilibrio de poder cambia. De alguna manera, nadie está sobre nadie, todo es debatible, y la figura del poder de la información se desplaza hacia las masas y los movimientos.  Estos pies de página son la posibilidad de reinterpretar la información, de dar la propia versión, de dudar y hasta burlarse de la información oficial.

Esa es la razón por la cual en el último paro cafetero que se realizó en Colombia, la información oficial del presidente Santos que aseguraba un acuerdo para levantar las protestas, no duró siquiera un día. En la red se difundió rápidamente contenidos que decían otra cosa, en especial un video grabado con un celular que mostraba a un cafetero anciano, quien lloraba por el trato que su pueblo había recibido por parte del Estado. Un video que en un día fue visto como quisiera tener audiencia un noticiero.




Es la misma razón por la cual un pequeño movimiento que criticaba la forma en que se trata el tema de los paramilitares en la novela “Tres Caínes” ha logrado generar una discusión a nivel nacional acerca del tratamiento de la violencia en televisión, y quitado cuatro patrocinadores del programa.

Ahora los usuarios de Internet saben que tienen poder. Que pueden influir en la realidad a través de sus redes sociales. Por eso los gobiernos andan tan afanados por controlar la red. Pero no es tan sencillo, y si bien Internet no promete un mundo mejor, si anuncia que las masas no estarán más en las manos de la versión oficial de los eventos del mundo, tomando ellas mismas, las masas, los caminos para mejorar o empeorar el mundo a su móvil antojo.