
Sin embargo, se plantea también que la maleabilidad de la fotografía a partir del pie de página combinada con los diferentes intereses políticos hace que la fotografía pase de ser un testimonio objetivo de los hechos, a una herramienta sesgada que responde a intereses específicos, y adquiere un carácter subjetivo que, lejos de poder contribuir al fin de la guerra, la agudiza justificando para cada bando su propia opinión.
Este uso político que desobjetiviza una imagen en principio objetiva, está enmarcado en una discusión que está aún más de fondo: si el pie de página puede modificar el significado “genérico”, como lo llama Sontag, de una imagen a partir de unos intereses específicos, la discusión es acerca de la autoridad e influencia que tiene quien hace ese pie de página. Si la fotografía es maleable, la influencia que esta ejerce en la sociedad con intereses políticos pasa por el cuestionamiento de la autoridad de quien hace el pie de página: ¿Por qué debería creerle a él la información que da sobre la fotografía? ¿Es acaso la única interpretación posible de los hechos? ¿Qué pasa cuando miles de personas tienen la posibilidad de reinterpretar una imagen a partir del pie de página?
LA CUESTIÓN DE LA OBJETIVIDAD DE LA FOTOGRAFÍA
En principio, y sin referirnos aún a las posibilidades tecnológicas de la alteración y edición, la fotografía es posible gracias a un dispositivo tecnológico que captura el reflejo de luz de un aspecto de la realidad, y lo imprime en una superficie fotosensible. En este sentido, la fotografía es índice de un aspecto de la realidad: la huella física de un evento ocurrido. Es en este sentido que se habla de una posible “objetividad” de la imagen fotográfica.
Sin embargo, las posibilidades de intervención de la imagen que hacen que su objetividad se relativice, surgen desde el momento mismo de tomar la foto: un encuadre tiene muchas variables y preguntas a responder de manera implícita.
¿Por qué ese encuadre? ¿Qué elementos se excluyen del encuadre? ¿Qué profundidad de foco, lente, sensibilidad de película se usa? Si bien estas preguntas pueden parecer superfluas en casos como la fotografía de guerra y otras modalidades de fotoreportaje, son importantes, debido a que nos dan pistas sobre la maleabilidad de la fotografía.
La fotografía tiene como características básicas el tiempo y el espacio capturados. Estas dos dimensiones, espacial y temporal, son las que le diferencian de otros formas de representación similares, como el cine. En el cine, aunque también tenemos imágenes resultado de una huella del reflejo de la luz en objetos reales, hay una diferencia importante referida a la experiencia de percibir la imagen. En el cine asistimos al desarrollo, la presentación de un suceso en un espacio y un tiempo determinados, pero somos testigos de su desarrollo. En la fotografía, por el contrario, tenemos un instante capturado en un espacio y un tiempo determinados, pero al ser un instante inmóvil se crea un distanciamiento del tiempo en que la foto fue tomada. Jean-Marie Schaeffer hace un interesante análisis de este aspecto de la fotografía en su texto “La imagen precaria. Del dispositivo fotográfico”: “La imagen móvil (indicial o no) es imagen en el tiempo, la imagen inmóvil (a condición de que sea indicial) es imagen del tiempo”.
Es precisamente esta característica la que lleva a Sontag a preguntarse sobre la posibilidad de alteración de significado por parte de distintos grupos, de la misma fotografía. “Para los militantes la identidad lo es todo. Y todas las fotografías esperan su explicación o falsificación según el pie(...) Altérese el pie y la muerte de los niños puede usarse una y otra vez.”
Esta posibilidad de alteración se debe principalmente a ese distanciamiento del tiempo y lugar específicos de la imagen fotográfica, que es, como dice Woolf, “la guerra es genérica, y las imágenes que describe son de víctimas genéricas y anónimas”. Y el pie de página puede redefinir totalmente su contenido, siempre desde los intereses del autor de dicha explicación.
Porque como explica muy bien Schaeffer, la discusión de la objetividad de la fotografía pasa también por el conocimiento del autor acerca del contexto de la fotografía. El fotógrafo puede saber que determinada fotografía es de un niño palestino muerto. Sin embargo, estos datos necesarios para entender de manera objetiva la fotografía no están en ella misma, sino en el conocimiento del autor. Y ese conocimiento parece esencial para darle un significado a una imagen que es tan solo imagen de un aspecto de la realidad, es decir, una interpretación. ¿Quién y con qué intención y autoridad hace esa interpretación por medio del pie de página?
Cuando se realiza un pie de página que está interpretando una imagen, dándole un contexto, un espacio y un tiempo determinados, está de alguna manera asegurando que tiene el conocimiento y la autoridad sobre esa información que proporciona. Y estas derivan de un interés específico, como está demostrado en el texto de Sontag. Pero nada de esta información aparece en la fotografía, y es importante cuestionar entonces la autoridad del autor del pie de página.
LA INFORMACIÓN Y LA CONTRAINFORMACIÓN EN INTERNET
Si el conocimiento del contexto de una fotografía es importante, no lo es menos el espacio y el tiempo del espectador que mira la fotografía. Allí también se redefine la cuestión de la objetividad, pues lo que es simplemente una fotografía es vista de distintas maneras por distintas personas en distintos momentos. Mientras para un espectador palestino la fotografía de un compatriota caído es una tragedia, para otro espectador judío esta fotografía es sinónimo de victoria. Es decir, que en el momento de la percepción, el espectador también realiza una labor de interpretación, de alguna manera está agregando su propio pie de página.
Sin embargo, estas interpretaciones personales de una imagen no tienen tanto alcance como las que le puede dar un medio masivo, que por su labor comunicativa presume de objetividad. Es decir, un medio masivo, al tener la función de informar a la opinión pública respecto a eventos que se dan en la actualidad, tiene una autoridad, y por lo tanto un efecto, sobre esa opinión pública. Se presupone que lo que está diciendo es verdad, y allí radica el mayor problema de la información que modifica una fotografía.
¿Qué es la información? es una pregunta pertinente, ya que de lo que trata nuestro problema es de el manejo de la fotografía para dar cuenta de hechos, lo que comunmente denominamos como informar. Gilles Delleuze define a la información como una colección de consignas: “Cuando se nos informa, se nos dice lo que se supone que debemos creer. En otras palabras, informar es hacer circular una consigna (...) Esto es la información, la comunicación, y no hay información alguna al margen de estas consignas y de su transmisión...”.
Esto es clave para entender el fenómeno que describe en su texto Sontag. La información es la versión oficial de los hechos, la versión del que tiene el poder, del que presume la autoridad de anunciar una verdad. Y la información, vista desde esta perspectiva, se está desvaneciendo, deshaciendo gracias a uno de los milagros de nuestra época: la Internet.
¿Qué se puede hacer frente al poder informativo de los grandes medios, que dan por verdad absoluta una versión de hechos que pueden tener múltiples miradas? La contrainformación no es el lado opuesto a la información. Es más bien todas esas miradas posibles de un hecho, que parten de descentralizar la información de un foco oficial que decide los hechos y la historia. Es la posibilidad que han abierto durante mucho tiempo los llamados medios alternativos, pero que hoy en día, se ha potenciado mucho más gracias a la internet y las redes sociales, puesto que el público que jamás soñaron tener los grandes medios, ahora está al alcance de cualquier persona en la red.

Hoy en día se pueden encontrar blogs, páginas, y perfiles sociales de cualquier persona o grupo, con gran o poca cantidad de seguidores, a quienes pueden comunicar cualquier pensamiento, o transmitir cualquier contenido (sea este propio, ajeno o modificado por la persona o grupo).
Los quince minutos de fama que profetizaba Andy Warhol hoy son una realidad palpable gracias a Internet. Y este fenómeno se puede dar por cualquier motivo, que es una de las cosas más sorprendentes para los que vivieron una época sin Internet. Una adolescente puede tener una página con miles de seguidores solo por tener una cara linda. Un joven puede tener miles de seguidores que andan pendientes de su humor cotidiano, exagerado, racista o antiracista. Una persona se puede hacer famosa no por su trabajo, sino por una simple expresión capturada en una foto, el gran logro de los Memes, un concepto que refiere a una idea básica a través de una imagen, la cual es susceptible de ser modificada e interpretada por miles de interventores-autores, usuarios que entran al gran río de contenidos de la red sin necesidad de tener dinero, talento o “palancas”.
Y bien podemos darnos cuenta a partir del básico análisis que aquí se presenta, que los grandes protagonistas de este fenómeno son los jóvenes. Y aunque en un primer momento puede parecer que ese aire juvenil le ha dado a los diferentes contenidos un todo superficial y vano, es parte fundamental del Internet que esto sea posible, es lo que hace que tenga una gran herramienta como liberador de la información, potenciador de la contrainformación, democratizador y plataforma de una anarquía que evidencia lo que las masas pueden hacer cuando devienen en movimientos.
Porque si por un lado muchas discusiones de importancia mundial pasan a través de Internet por medio del discurso del humor, algo que los medios tradicionales informativos no se han permitido por su dinámica unilateral, esto mismo significa que hay un mundo entero opinando, analizando, transformando la información oficial, dando su propia visión.
Las grandes revoluciones árabes, movimientos de indignados en Europa y América, y movilizaciones sociales en América Latina de los últimos años, han tenido un pie y medio en Internet, donde en muchas ocasiones se han gestado, crecido, y tomado fuerza decisoria.
Esto no sería posible si cada persona no tuviera esa libertad de expresar, desde el chiste más superfluo, hasta una opinión crítica y elaborada de diferentes situaciones que pasan por todas las áreas de la sociedad mundial.
En Internet la importancia de un hecho no es medida a partir de intereses particulares o de poder, sino de la acogida que tenga en los millones de usuarios que hay en la red. Y no tiene que ser una mayoría la que acoja un hecho para ser relevante, pues los movimientos en Internet tienen distintas composiciones en cuanto a número, integrantes, intereses y posibilidades.
El mismo día en que un meteorito cayó en Rusia, miles de imágenes circularon por internet, no sólo difundiendo el hecho, sino reinterpretandolo a partir de elementos de la cultura popular, dando explicaciones tan absurdas, divertidas y variadas, que dejaban las explicaciones oficiales y científicas del hecho a un lado. ¿A quién le importaba las explicaciones de un científico que se la pasó años estudiando las estrellas, si tengo una foto de un sayayín lanzando el meteorito a la tierra?


Podríamos pensar que esta forma en la que los diferentes movimientos tratan diferentes asuntos es grave, pues banaliza cualquier discusión, y se pueden avizorar peligros en la oleada que arrastra la opinión de tantas personas. De hecho se han dado casos negativos, como en todas las manifestaciones del ser humano. Llama especialmente la atención de un chico llamado Alejandro Villanueva, quien tiene Síndrome de Apert, y quien padeció de bullying virtual durante mucho tiempo, a través de imágenes o memes que se burlaban de su condición. Sin embargo, el reportaje que de este caso hizo otro usuario de la red que se hace llamar Oxlack, a partir exclusivamente de contenidos sacados de internet, hizo que este meme casi desapareciera de la red. Develó el autor tras este Bullying, y llamó a una mayor reflexión a todos los jóvenes que hacían un uso indiscriminado de la imagen de Alejandro Villanueva, cambiando la manera en que se veían los memes hasta entonces, al menos en Latinoamérica. Un caso exclusivo de Internet, imposible de ver en otro medio.
Y todo esto parte curiosamente del mismo pie de página que Sontag, virginia Woolf y muchos otros autores habían criticado por su uso en la guerra. ¿Cuál es la diferencia? La condición de poder. Cuando una figura con una supuesta autoridad informativa asevera algo, parece una información incontrovertible, indiscutible, absoluta. Pero cuando la información deviene en contrainformación, y todos podemos emitir contenidos que se vuelvan masivos, el equilibrio de poder cambia. De alguna manera, nadie está sobre nadie, todo es debatible, y la figura del poder de la información se desplaza hacia las masas y los movimientos. Estos pies de página son la posibilidad de reinterpretar la información, de dar la propia versión, de dudar y hasta burlarse de la información oficial.
Esa es la razón por la cual en el último paro cafetero que se realizó en Colombia, la información oficial del presidente Santos que aseguraba un acuerdo para levantar las protestas, no duró siquiera un día. En la red se difundió rápidamente contenidos que decían otra cosa, en especial un video grabado con un celular que mostraba a un cafetero anciano, quien lloraba por el trato que su pueblo había recibido por parte del Estado. Un video que en un día fue visto como quisiera tener audiencia un noticiero.

Es la misma razón por la cual un pequeño movimiento que criticaba la forma en que se trata el tema de los paramilitares en la novela “Tres Caínes” ha logrado generar una discusión a nivel nacional acerca del tratamiento de la violencia en televisión, y quitado cuatro patrocinadores del programa.
Ahora los usuarios de Internet saben que tienen poder. Que pueden influir en la realidad a través de sus redes sociales. Por eso los gobiernos andan tan afanados por controlar la red. Pero no es tan sencillo, y si bien Internet no promete un mundo mejor, si anuncia que las masas no estarán más en las manos de la versión oficial de los eventos del mundo, tomando ellas mismas, las masas, los caminos para mejorar o empeorar el mundo a su móvil antojo.