sábado, 22 de noviembre de 2014

Palabras sueltas. Anarquía, anarquismo y Autogobierno.


Anarquía no es lo mismo que anarquismo. La anarquía es un estado del ser y de la vida, una actitud (actos), y una decisión. El anarquismo es una racionalización de la anarquía, que deviene en teoría y pensamiento. Es la filosofía del individuo y del ser.
Pero no puede imponerse un pensamiento libertario, pues por principio mismo de la anarquía, cada quién debe descubrir para sí mismo lo que es vivir en libertad.
Por lo tanto, el anarquismo no puede más que ser un descubrimiento del individuo para su propia vida, mientras que la anarquía es la aplicación de ese pensamiento a la vida y la convivencia con otras libertades.
La anarquía es la posibilidad de ser responsables de nosotros mismos, a nivel individual y colectivo. Es la articulación de libertades, entendiendo que mi libertad es la libertad de todos, y la libertad del otro es mi libertad.
El cristianismo primitivo (algunos sostienen que el único cristiano de la historia murió crucificado hace más de dos mil años), ha sido símbolo de una sociedad solidaria, libertaria y revolucionaria. En el pensamiento judeocristiano se evade constantemente que el libre albedrío es la orden divina de la libertad: el Dios judeocristiano ha creado al hombre y a la mujer anarquistas.
En el pensamiento indígena Maya, un anciano saludaba de esta manera: "In lake'ch", es decir, yo soy otro tú. El subcomandante Marcos, del EZLN, se acerca al pensamiento anarquista en esta frase: "Yo soy como soy y tú eres como eres, construyamos un mundo donde yo pueda ser sin dejar de ser yo, donde tú puedas ser sin dejar de ser tú, y donde ni yo ni tú obliguemos al otro a ser como yo o como tú."
En el pensamiento indígena Muisca, la anarquía se expresa perfectamente en los principios de "no te hagas daño, no hagas daño, ni permita que se haga daño". Y por supuesto, Jaime Garzón nos contó lo que nuestros propios indígenas piensan al respecto cuando interpretaron el artículo 11 de la constitución de 1991: "Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente".
La anarquía es entonces la posibilidad de ser de todos cada uno. Y el anarquismo, la forma en que el individuo y las asociaciones humanas de distintos tipos interpretan la libertad del ser, y de todos los seres.

Para finalizar, hay qué reconocer que hablar de anarquía siempre se ha prestado a confusiones y malas interpretaciones, pues se relaciona siempre con desorden, a la violencia y otras características por lo general negativas. Y aunque esto es lo más alejado del real pensamiento anarquista, es comprensible la confusión: el nombre mismo que se le ha dado a este pensamiento es inexacto, pues no se debe hablar de anarquía (sin gobierno), sino de auto gobierno, pues la anarquía es la negación de cualquier forma de poder, pero esta negación se da para que el poder sobre un sujeto resida en sí mismo. Es decir, no gobernar, ni ser gobernado, para tener la libertad de gobernarse. 

Luís Alexander Díaz Molina
El Diablo Fu

martes, 12 de agosto de 2014

Algunas aclaraciones a título personal sobre Sur de la Universidad

Algunas aclaraciones a título personal. Sur de la Universidad no es una película sobre la MANE. Es una película sobre el movimiento estudiantil colombiano, del cuál la MANE es tan solo un capítulo, no el primero, ni tampoco el último.

Pienso que la MANE logró cosas muy importantes, pero también perdió la oportunidad de hacer algo realmente valioso cuando tuvo la oportunidad. Y hay qué decirlo, eso sucedió porque una vez más, como narra Sur de la Universidad, la historia se repitió con las divisiones internas, con la exclusión de las bases que la componían, y la cooptación del proceso por parte de algunos sectores estudiantiles. Con Sur de la Universidad intentamos visibilizar estos problemas, hacer ver al estudiantado que no podíamos repetir los mismos errores que ya se habían cometido. Pero se cometieron.

Y la culpa fue de todos, incluido quien escribe estas palabras, pues el compromiso decayó, el debate se prohibió, y fue más fácil criticar que construir. Sin embargo, no es la primera vez que sucede esto con el movimiento estudiantil, y ahora es tiempo de que los estudiantes vuelvan a tomar las riendas de lo que está sucediendo en la educación. La crisis de la universidad no solo siguió, sino que ha empeorado cada día más. Tan solo hay que echar una mirada a cómo está la Universidad Pedagógica, la educadora de educadores: el punto de abandono y crisis al que la tiene sometida el estado, nos da a entender por dónde va realmente la educación.

 Hoy es Gina Parody la nueva ministra de educación. Se viene una reforma tan igual a la que derrocamos en 2011, que puede ser mucho peor. Nada nuevo. Lo que sí sería nuevo es que los estudiantes lograran superar sus diferencias ideológicas, y poner por encima de proyectos personales los intereses de todo un país en términos de educación.

 Recuerdo que en la Séptima Plenaria de la MANE, en la que estrenamos Sur de la Universidad, la mitad del auditorio no quería que proyectáramos la película. Y sin embargo, muchos dicen que esta es la película de la MANE. Somos parte del movimiento estudiantil, y eso es mucho más amplio que una mesa. Sur de la Universidad fue una crítica no destructiva, pero parece que si uno no habla un lenguaje violento, y ataca al otro, no se entiende lo que se quiere decir.

 Pero seguiremos el ejemplo de Jaime Garzón, quien nos enseñó que a veces es mejor dar la vida de uno mismo, a cegar la del prójimo, y que "nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente".

 Luís Alexander Díaz Molina
 Co-director y montajista de Sur de la Universidad

martes, 17 de junio de 2014

¡Ay! dios mio, dios mio

¿Qué va a ser de mi vida sin ella?
¡Ay!, dios mio, dios mio,
¿por qué me has abandonado?

Cómo quisiera que existieras.
¡Ay!, dios mio, dios mio,
          ...Estoy solo,
          y nadie me ve llorar.

lunes, 10 de marzo de 2014

Preguntitas sobre la democracia en Colombia.


Más que hacer un análisis y tratar de sacar conclusiones respecto a la reciente jornada electoral, en la cual la victoria evidente es de la derecha que ganó aún estando supuestamente dividida, yo tengo varias preguntas que me gustaría que me ayudaran a plantear.

¿Dónde está la Colombia que se indignó por la muerte de Gaitán al punto de parir el Bogotazo? ¿Dónde la Colombia que celebró el proceso de paz con el M19, y que en su momento votó por Pizarro? ¿Dónde quedó el luto de Pizarro y de la UP? ¿Y dónde el dolor de la pérdida de Galán? ¿Dónde está incluso el dolor por las víctimas que no pensaban como nosotros? ¿Dónde las lágrimas por los soldados de cualquier ejército, que también son seres humanos? ¿Dónde el dolor de los secuestrados? ¿Dónde, por todos los demonios, dónde está la Colombia que admiró, aprendió, rió y por último lloró a Jaime Garzón?

No se ve ni en las urnas, ni en las calles, ni en ningún espacio en donde uno pueda decir que están tomando una posición: no está en el juego democrático, que alcanza a niveles de abstención de más del cincuenta por ciento, lo que nos deja muchas dudas sobre qué piensan realmente los colombianos; no están en las calles, uno no sabe si por miedo o por indiferencia, o porque definitivamente vivimos en un país que le gusta entregarse al caudillo, pues siempre es más fácil que otros decidan por mi.

Y más cuando nos prometen prosperidad, seguridad democrática, riquezas que nadie explica de dónde van a salir, lujos al estilo de Pablo Escobar (al que deberíamos encomendar de una vez por todas este desgraciado país, en vez del sagrado corazón). Más cuando lo único que piden a cambio es obediencia, silencio, hacernos a un lado y no molestar.

Pero la pregunta persiste, no muere con esas respuestas, porque no es razonable que aquellos que lloraron, marcharon y se manifestaron, sean los mismos que callan y se doblegan. ¿Dónde está la Colombia "indignada"? Quizás nos mataron a unos, otros, ya decepcionados, no creemos que un voto sirva para algo en contra de la maquinaria política (y sin embargo allí están las cifras claras, abstención de más de la mitad del país).

Y los pocos que creemos en la democracia como una posibilidad de ejercer el poder desde las bases, aquello que llamamos pueblo, estamos insertos en una pelea absurda entre nosotros mismos. Que si el voto en blanco funciona o no, que si es mejor no votar, que si ese otro es un mamerto, un comunista, un progresista, un radical, un anarco, uno distinto a mi. Indignado también, pero no un posible compañero. Llora la misma tragedia, pero es imposible, por la más extraña razón, que su lucha sea común a la mía.

Y en este silencio terrible y sepulcral del pueblo colombiano, nos quieren hacer creer que la oposición es de derecha, que la pelea está entre dos derechas, cuando la única diferencia es el método pero apuntan exactamente a lo mismo de siempre: vender el país de la forma más literal, acumular riquezas a costa de la miseria del otro. Algo que, por lo demás, está inserto en nuestra vida cotidiana, pues el colombiano nunca pierde oportunidad para joder al otro si esto le genera beneficios personales. E incluso si no le genera beneficios, lo importante aquí es aniquilar al que no piensa como yo. ¿Tan enfermos estamos?

Quizás el juego democrático sí esté funcionando en este país. Quizás sí vivimos en un país que ama las políticas de derecha, a pesar de la miseria, los muertos, los desaparecidos, a pesar de la salud como un negocio a costa de nuestras vidas, a pesar de la muerte de la educación, a pesar de los recursos naturales de los que nos seguimos sintiendo orgullosos, aunque ignoramos en qué medida ya no son nuestros. ¿Pero cómo saberlo? ¿Cómo saber si a lo que nos enfrentamos aquellos que vemos fallas profundas en este sistema, en nuestro país, es a una nación de derecha? ¿Cómo saberlo si no estamos ni en las urnas, ni en las calles?

Pues una cosa es clara: tenemos ante nosotros un reto enorme, un panorama que pinta negro si tenemos en cuenta lo que ya hemos vivido en la historia de nuestro país. Tenemos ante nosotros un país que no se atreve siquiera a opinar, a participar, o que no le interesa, que no entiende lo terrible de nuestra situación, o quizás un país que se lamenta y olvida. O un reto aún mayor, un país que no piensa como nosotros. Un país que nunca lamentó ninguno de nuestros muertos, ninguno de nuestros desplazados, ninguna de nuestras tragedias.

¿Qué se puede, qué se debe hacer entonces? Esa es la gran pregunta ante el panorama que se nos ofrece. Y como a toda gran pregunta se debe responder con mil preguntas más, yo creo que la respuesta es la educación, hidra de mil cabezas, hidra de mil preguntas, tormento de los poderosos que en sus peores pesadillas les pregunta "¿por qué?".

Y no hablo solamente de la educación formal, escuelas, colegios y universidades, aunque están incluidas. Hablo de educación en un sentido mucho más amplio, una educación que se extiende a los barrios,  a los pueblos, a las calles, a las casas. Una educación como ejercicio de análisis cotidiano acerca de nuestra realidad. Una educación que parta del ejemplo, y que nos permita discutir, ¡hablar, por lo que más quieran, hablar en vez de disparar! Hablar de lo que realmente pensamos, aunque corramos el riesgo de que no nos guste. Saber qué es lo que piensa Colombia, y darnos la posibilidad de revaluar aquello que estemos pensando.

Nuestro refugio es entonces la educación. Nuestra forma de lucha más efectiva será cuestionar, preguntar, hablar. En un país que calla, la misión es hacerlo hablar. En un país que ignora, la misión es ayudarle a conocer. En un país lleno de odio, la misión es, aunque "digamos y pensemos diferente", educarnos para amar.

viernes, 7 de marzo de 2014

Azul

Si yo tuviera una máquina para inventar palabras, podría decir algunas cosas...
Contaría nueve historias que nunca se han leído, cantaría seis canciones que nadie ha cantado, nombraría tres colores que sin duda nadie ha visto,
pero todos sabemos que existen, todos sabemos que existen, todos sabemos que existen.

Pero las palabras nacen de un árbol que da fruto en primavera. Y en invierno se calla, y no arroja ni una letra con la que pueda decir que es invierno, que no hay palabras ni letras. Se queda callado y solo, esperando que buen tiempo venga, mientras todo muere de frío a su alrededor.

miércoles, 15 de enero de 2014

Hay un Cine Posible

Hay un Cine Posible por hacer, liberado por fin de las reglas del dinero y la industria, artesanal si se quiere, pero por fin expresión de los pueblos y no de una élite. Creación colectiva, disolución de la estrellas en la galaxia. 

La tarea del cineasta que decida asumir ese cine posible ya no se limita a escribir proyectos que le lleven a ganar premios, sino a convertirse en pedagogo en el sentido que lo entiende Paulo Freire, para crear un cine que se construya junto a la gente, que transforme la realidad no sólo por el producto mismo, sino por su proceso de realización.

Un Cine Posible no dejará a nadie intacto, pues hace del antiguo espectador un autor, del antiguo autor un espectador, y del cine un proceso popular de transformación constante. Capacitación y concienciación de unos y otros que significa un crecimiento en lo individual y lo colectivo.

No crean que es tarea fácil, ni que los resultados están garantizados. No podemos esperar que una transformación radical del cine se produzca haciendo lo ya conocido, tenemos que explorar terrenos indómitos. Tampoco anunciamos el fin del cine, ni su utopía final: el cine posible es una opción no dada, que se debe reconstruir y reinventar a cada paso.

Hay un Cine Posible por hacer.

El Diablo Fu