miércoles, 9 de enero de 2013

6. Un infierno

Depende del día, del estado de ánimo, de las noticias en un diario, de las palabras de "ella", de las cuentas de la casa, quizás de todo lo externo a él. Y en días donde las variables no son buenas, se pone los lentes más oscuros, fuma un poco de su ciudad y piensa que la vida no puede acabar acá.

Después de la Muerte tiene que haber algo, y no puede ser bueno. Descartados están los paraísos estúpidos y aburridos, en definitiva no hay quien los merezca ni quien los construya. Debe haber sí un infierno, uno bien pequeño para que, sin caber, entren todos, como si fueran en un transmilentio en hora pico, transmilenio, que es una ventana a ese infierno.

Debe haber un infierno donde quepa tanta maldad, y no es esta pobre tierra que a duras penas nos aguanta por generaciones. Un infierno donde no se presuma de pagar culpas porque las culpas nunca se pagan, fueron y no hay más. Más bien un infierno donde se vaya solamente a sufrir. A sufrir por el simple hecho de hacer parte de esta basura. Si hay un pecado original es la Vida. Y todos los nacidos hemos hecho mal con nacer, partida de mal nacidos.

Hay días en que él cree que debe haber, por difícil que parezca, un lugar peor que este.
Pero no, el mundo no es tan lindo como para que eso sea real. Y si hubiera un lugar así, el primero en estar allí debería ser el autor de esta locura.